La actividad minera transformó por completo un terreno de 300 hectáreas en Portugal. Sin embargo, después del cierre de la explotación en 2010, la naturaleza comenzó a recuperar el espacio y, 16 años más tarde, el antiguo complejo se convirtió en un importante refugio para la fauna y la flora.
Se trata de Paul de Toirões, una antigua zona minera marcada por pozos profundos, pendientes pronunciadas y sistemas artificiales de drenaje. Allí se extraían estaño, tungsteno y arena hasta principios de 2010.
Tras el abandono, las excavaciones empezaron a acumular agua y dieron origen a lagos, estanques y áreas inundables, modificando progresivamente el paisaje.
Cómo la antigua mina recuperó su ecosistema
A finales de 2022, la organización Rewilding Portugal comenzó a gestionar las 300 hectáreas con el objetivo de acelerar la recuperación ambiental. En lugar de reconstruir completamente el terreno, el proyecto buscó favorecer los procesos naturales que ya estaban ocurriendo.
Entre las medidas implementadas estuvo el suavizado de los bordes de algunas lagunas para facilitar el acceso de los animales. También se eliminaron canales de drenaje y se instalaron barreras para retener el agua durante más tiempo.
Además, se retiraron hileras de cipreses exóticos para favorecer el crecimiento de especies nativas, como los robles. De esta manera, se desarrollaron distintos ambientes, desde lagos profundos permanentes hasta zonas que se inundan de manera temporal.

Más de 200 especies encontraron un nuevo hábitat
Los resultados de los primeros relevamientos muestran una importante recuperación de la biodiversidad. Entre 2023 y 2024 fueron identificadas 94 especies de plantas acuáticas en los humedales del antiguo complejo minero.


Los análisis de ADN ambiental también permitieron detectar más de 200 especies en todo el predio. Actualmente, el lugar es habitado por nutrias, anfibios, tortugas, libélulas y numerosas aves.
Entre las especies registradas se encuentran la cigüeña negra, el aguilucho lagunero, la espátula común y el alcotán europeo. Los humedales y estanques temporales ofrecen espacios de alimentación y reproducción para diferentes animales.
La recuperación todavía continúa
Aunque el paisaje cambió desde el cierre de la mina, el proceso de restauración aún está en desarrollo. La organización responsable planea realizar nuevos relevamientos durante los próximos años para observar cómo evoluciona la biodiversidad.
El caso de Paul de Toirões demuestra cómo un espacio profundamente transformado por la actividad humana puede convertirse, con el paso del tiempo y acciones de restauración, en un nuevo hábitat para numerosas especies.












