Un hallazgo paleontológico ha aportado nuevos datos sobre un enigmático mamífero que habitó hace unos 30 millones de años en la región de la actual provincia de Lleida, en España.
Conocido como «cerdo del infierno», Entelodon no era un cerdo ni un jabalí, aunque su aspecto pudiera llevar a esa comparación.
Los restos fueron recuperados en el yacimiento oligoceno de Rocallaura y están formados por tres fragmentos: una mandíbula, un molar y un canino.
El hallazgo contribuye a ampliar el conocimiento sobre los mamíferos que habitaron Europa durante el Oligoceno, una época marcada por importantes transformaciones ambientales y por la diversificación de numerosos grupos de mamíferos.
Un mamífero que no era un cerdo
A pesar de su apodo, Entelodon pertenecía a un grupo de mamíferos extintos conocido como entelodóntidos. Aunque su aspecto recuerda al de los cerdos actuales, los estudios evolutivos sitúan a este grupo más cerca de los hipopótamos y los cetáceos que de los suidos.
Algunas especies de Entelodon podían alcanzar alrededor de 1,35 metros de altura y presentaban mandíbulas robustas y dientes adaptados a una dieta variada.
En lugar de ser cazadores, estos animales eran omnívoros y probablemente aprovechaban diferentes recursos disponibles en su entorno, incluida la carroña.
Una pieza del pasado de la cuenca del Ebro
Durante el Oligoceno, la región que actualmente forma parte de la cuenca del Ebro presentaba ecosistemas muy diferentes de los actuales y albergaba una amplia variedad de animales.
Los restos encontrados en Rocallaura permiten incorporar al Entelodon a ese antiguo paisaje y aportan información sobre su distribución geográfica. Aunque se trata de un registro fragmentario, cada fósil puede ayudar a reconstruir cómo eran las comunidades de mamíferos de aquella época.

Las reconstrucciones científicas de estos animales también permiten representar de forma aproximada el aspecto que podían tener y el entorno en el que vivían.
Nuevas preguntas sobre el Entelodon
La identificación de estos restos no resuelve todas las incógnitas sobre el animal. La cantidad limitada de material fósil dificulta establecer con seguridad su especie y conocer con mayor detalle aspectos de su anatomía y comportamiento.

Por ello, futuros hallazgos en Rocallaura y en otros yacimientos de la región podrían aportar nuevas evidencias sobre la presencia de los entelodóntidos en la península ibérica.
El hallazgo representa una nueva pieza para comprender la diversidad de mamíferos que habitó Europa hace millones de años. Los restos de Rocallaura muestran cómo un registro fósil limitado puede contribuir a reconstruir una parte de ese pasado.













