Cambiar la funda de la almohada forma parte de los cuidados de la ropa de cama, pero muchas personas no saben con qué frecuencia deberían hacerlo.
Aunque algunas esperan dos semanas o un mes, una recomendación es renovarla una vez por semana. La razón está en el contacto constante con la piel y el cabello durante varias horas.
Con el paso de los días, la funda puede acumular sudor, grasa, células muertas y otros residuos que crean un ambiente favorable para los ácaros y otros microorganismos.
Para la mayoría de las personas, establecer un cambio semanal ayuda a mantener la ropa de cama limpia. Sin embargo, quienes transpiran mucho durante la noche, tienen piel grasa o presentan alergias pueden necesitar hacerlo con mayor frecuencia.
¿Cuándo conviene cambiarla más seguido?
Las altas temperaturas pueden aumentar la transpiración durante la noche y, en consecuencia, la acumulación de humedad en la ropa de cama. Durante los períodos de calor, cambiar la funda con mayor frecuencia puede ser una medida para mantenerla limpia y seca.
La presencia de mascotas también puede influir en la frecuencia de lavado. El pelo y otros residuos que quedan sobre la cama pueden acumularse en los tejidos. Además del cambio regular, es importante lavar las fundas siguiendo las indicaciones de la etiqueta.
Una rutina para la ropa de cama
Cambiar la funda una vez por semana es una rutina que puede contribuir a mantener un entorno de descanso más limpio.
Mantener una rutina de limpieza no garantiza por sí solo un mejor sueño, pero ayuda a reducir la acumulación de sudor, grasa y residuos en los tejidos que están en contacto directo con la piel durante la noche.
En personas con alergias a los ácaros, la higiene frecuente de la ropa de cama es relevante. En estos casos, además de lavar las fundas con regularidad, pueden ser útiles otras medidas de control de alérgenos recomendadas por especialistas.













