La reaparición de un tiburón blanco de gran tamaño frente a la costa de Canadá volvió a captar la atención de la comunidad científica.
El ejemplar, una hembra identificada como Ernst, mide 3,65 metros, pesa 457 kilos y fue detectado por la organización OCEARCH el 23 de julio, tras varios meses sin emitir señales de rastreo.
Un recorrido marcado por la migración
Antes de reaparecer, Ernst había recorrido una extensa ruta desde el Golfo de México hasta las aguas cercanas a Terranova.
Según los investigadores, este desplazamiento está vinculado a los movimientos estacionales de sus presas, especialmente las focas grises y las focas comunes, que constituyen una parte importante de la dieta del tiburón blanco en el Atlántico Norte.
En esta ocasión, el ejemplar fue localizado más cerca de la costa canadiense de lo habitual, un dato que despertó el interés de los especialistas encargados de su seguimiento.

Cambios en el comportamiento de la especie
Los estudios realizados en los últimos años indican que los tiburones blancos permanecen cada vez más tiempo en el Atlántico Norte.
Durante el invierno, el período promedio de permanencia pasó de 48 a 70 días, lo que podría reflejar condiciones más favorables en la región, como una mayor disponibilidad de alimento.
El recorrido registrado por Ernst incluyó zonas de Florida, Alabama, Nueva Escocia y, finalmente, Canadá, siguiendo el desplazamiento estacional de sus presas.
El valor del monitoreo científico
El seguimiento satelital realizado por organizaciones como OCEARCH permite conocer con mayor precisión las rutas migratorias de los tiburones blancos y aporta información clave para su conservación y la gestión de los ecosistemas marinos.
Además de Ernst, otro ejemplar identificado como Contender, un macho de 4,2 metros de longitud y aproximadamente 770 kilos, también fue detectado recientemente en la región, lo que confirma la presencia de grandes tiburones blancos en el Atlántico Norte.
Los registros obtenidos contribuyen al estudio del comportamiento migratorio de la especie y permiten evaluar cómo factores como la recuperación de las poblaciones de focas pueden influir en su distribución.
Para los investigadores, este tipo de monitoreo resulta fundamental para comprender la dinámica de estos depredadores y respaldar futuras estrategias de conservación.













