Hace siete décadas, Almería en el sureste de España era un territorio árido con vegetación escasa y pequeñas explotaciones agrícolas dispersas.
La región se transformó en uno de los mayores complejos de invernaderos del mundo. Con estructuras de plástico que cubren 33 mil hectáreas y producen 4 millones de toneladas de frutas y verduras al año. La transformación convirtió a Almería en un importante polo agrícola europeo y reconfiguró su economía local.
Las imágenes satelitales muestran la extensión del llamado «mar de plástico», que alberga aproximadamente 12 mil explotaciones agrícolas. El antiguo desierto se convirtió en la despensa de Europa y generó una cadena económica que sostiene miles de empleos asociados a la producción agrícola.
Del desierto a la despensa de Europa
A partir de 1950, agricultores y autoridades locales buscaron soluciones para cultivar en una región marcada por la aridez extrema. Adoptaron técnicas holandesas de invernadero, pero reemplazaron el vidrio por plástico, un material más resistente a los fuertes vientos costeros y más económico para construir estructuras a gran escala.
Los productores esparcieron capas de arena sobre el suelo para retener la humedad y explotaron reservas acuíferas subterráneas. Con el tiempo, incorporaron riego por goteo, cultivo hidropónico, sistemas de control climático y métodos de control biológico de plagas para optimizar la producción sin depender únicamente del agua superficial.
Qué crece bajo el plástico
Pepinos, tomates, pimentones, melones, sandías, calabacines y berenjenas son los principales cultivos de la región. Los pimentones representan por sí solos aproximadamente 913 mil toneladas al año, una muestra de la especialización productiva de Almería en rubros específicos.
Más de la mitad de la cosecha se destina a otros países europeos. Alemania, Reino Unido, Francia e Italia absorben la mayor parte de las exportaciones, mientras que una porción menor llega a Estados Unidos. Este comercio internacional consolidó a Almería como proveedor estratégico durante todo el año.
El costo laboral de la transformación
La expansión agrícola no llegó sin tensiones. Miles de trabajadores migrantes trabajan en los invernaderos y enfrentan, según denuncias de organizaciones que monitorean la situación laboral, viviendas precarias, falta de infraestructura básica y problemas en las condiciones de trabajo. El sector agrícola responde a parte de estas acusaciones y afirma que las condiciones mejoraron con los años.
También destaca el número de trabajadores extranjeros contratados formalmente en la región.
El efecto inesperado en el clima
Las superficies claras de los invernaderos reflejan una mayor porción de la radiación solar y provocan un fenómeno climático local no previsto. La Universidad de Almería registró un descenso promedio de aproximadamente 0,3 °C por década entre 1983 y 2006 en el área cubierta por las estructuras.
Otros estudios relacionaron el aumento de la capacidad reflectiva de las superficies con el enfriamiento local y calcularon una reducción anual media cercana a 0,25 °C. Sin embargo, el efecto se limita a la región y no convierte a los invernaderos en una solución para el calentamiento global.













