Un estudio realizado en los cañones submarinos de Nyinggulu, también conocidos como Ningaloo, en Australia Occidental, ha revelado una sorprendente diversidad de vida marina oculta en las profundidades del océano.
Durante una expedición llevada a cabo en mayo, investigadores detectaron rastros genéticos de más de 200 especies, incluido el esquivo calamar gigante (Architeuthis dux), en aguas que alcanzan cerca de 5.000 metros de profundidad.
El hallazgo fue posible gracias al uso del ADN ambiental (eDNA), una técnica que permite identificar organismos a partir de diminutos fragmentos genéticos que dejan en su entorno.
ADN del océano: una nueva forma de explorar la biodiversidad
Los científicos utilizaron el eDNA para elaborar un mapa detallado de la biodiversidad presente en los cañones submarinos sin necesidad de observar directamente a los animales.
Esta tecnología ha revolucionado el estudio de los ecosistemas marinos profundos al funcionar como una especie de archivo biológico capaz de revelar qué especies habitan una determinada zona.
Durante la expedición se recolectaron más de 1.000 muestras de agua, lo que permitió identificar una extraordinaria variedad de organismos que permanecían ocultos bajo la superficie.
El rastro del calamar gigante
Uno de los hallazgos más destacados fue la detección de ADN del calamar gigante en seis muestras diferentes. La presencia de esta especie, rara vez observada en su hábitat natural, aporta nueva información sobre su distribución en el océano Índico.

Para los investigadores, el descubrimiento refuerza la importancia de los cañones submarinos como refugios de biodiversidad y como áreas clave para el estudio de especies poco conocidas.
Un ecosistema que aún guarda secretos
En total, el análisis permitió identificar 226 especies, una cifra que pone de manifiesto cuánto queda por descubrir en los ecosistemas marinos profundos.
Los científicos consideran que estos resultados representan solo una parte de la biodiversidad presente en la región y destacan la necesidad de continuar explorando estas áreas para comprender mejor el funcionamiento de los océanos.
El estudio amplía significativamente el conocimiento sobre la vida marina en los cañones de Ningaloo y demuestra el potencial del ADN ambiental para revelar especies difíciles de detectar mediante métodos tradicionales.









