Un objeto del tamaño de un edificio de entre tres y seis pisos impactó la superficie lunar entre abril y mayo de 2024 sin que nadie en la Tierra lo detectara. La cicatriz que dejó, bautizada como McGetchin, mide 222 metros de ancho y es el mayor cráter de impacto conocido formado en tiempos recientes.
El hallazgo llegó gracias a la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA, que sobrevuela el satélite desde 2009 capturando imágenes de su superficie. Los especialistas calculan que un choque de esta magnitud ocurre en la Luna aproximadamente una vez por siglo, o incluso en intervalos más largos.
Una hendidura profunda que altera el terreno
McGetchin alcanza 43 metros de profundidad. El impacto lanzó polvo y fragmentos de roca a más de 100 kilómetros de distancia, dejando huellas visibles en una zona que se extiende más allá de ese radio.
Alrededor del cráter, en un radio de aproximadamente 7 kilómetros, las temperaturas nocturnas bajaron unos 9 grados tras el choque. Esta alteración ocurre porque el regolito, la capa suelta de polvo y fragmentos que cubre la Luna, se volvió menos compacto y perdió capacidad para retener el calor después del impacto.
Cuando los impactos remueven el suelo lunar
David Paige, de la Universidad de California en Los Ángeles, indicó que los impactos actúan como una forma de cultivar el regolito, revolviendo los sedimentos y colocando en la superficie material que normalmente permanece enterrado.
Este terreno más suelto tiene implicaciones prácticas: puede complicar el tránsito de vehículos y afectar el diseño de estructuras futuras cerca de zonas con historiales de impactos. Los primeros 2 centímetros del suelo lunar se remueven completamente cada 80 mil años, un ritmo más acelerado de lo que se pensaba anteriormente.
Un descubrimiento casi accidental
El cráter apareció durante una revisión de rutina cuando Robert Wagner, especialista en procesamiento de imágenes de Intuitive Machines, comparaba mapas hechos con fotografías de distintos años. Notó una zona clara rodeada de un área oscura que no coincidía con nada anterior.
Un software de análisis marcaba diferencias entre las imágenes, aunque también generaba falsas alertas por cambios simples de sombra o iluminación. Fotografías posteriores tomadas con una cámara de mayor resolución confirmaron que se trataba de un cráter real, permitieron medir sus dimensiones con precisión y analizar los efectos del impacto.
Implicaciones para futuras misiones lunares
Desde 2009, la LRO ya detectó al menos mil cráteres nuevos y cerca de 100 mil alteraciones adicionales en la superficie provocadas por impactos similares y sus escombros. Este registro indica que ni siquiera las huellas dejadas por los astronautas de las misiones Apolo están garantizadas para siempre.
Los especialistas ahora buscan calcular el riesgo de que material lanzado por futuros impactos alcance una eventual base humana en la Luna. Esa información es crucial para determinar dónde establecer infraestructuras y cómo protegerlas en un entorno sometido a bombardeos constantes.













