El Sol podría haber devorado un planeta rocoso varias veces más grande que la Tierra en sus primeros años. La hipótesis surge de un estudio que compara modelos de evolución solar con observaciones reales del interior y la superficie de la estrella.
La investigación, realizada por la Universidad de Ege, propone que ese mundo desaparecido tenía entre cinco y diez veces la masa terrestre. El hallazgo podría explicar detalles del Sol que hasta ahora no tenían una respuesta clara, incluida la escasa presencia de litio en su superficie.
Otros mundos que se perdieron en el camino
La historia del Sistema Solar no se limita a los ocho planetas que existen hoy. Theia, un planeta del tamaño de Marte, habría impactado la Tierra y participado en la formación de la Luna, según otras hipótesis científicas.
Existen también teorías que apuntan a que Júpiter, con su enorme fuerza gravitacional, habría expulsado del sistema a un planeta de gran tamaño. Las súper-Tierras, mundos rocosos con una masa muy superior a la terrestre, abundan en otras zonas del Universo, aunque ninguna se ha detectado cerca del Sol en la actualidad.
Eso no descarta que alguna haya orbitado esta región en épocas muy tempranas.
Las pistas que esconde el interior solar
Los científicos recurrieron a la heliosismología, una técnica que analiza cómo se propagan las ondas sonoras dentro del Sol para conocer sus capas más profundas. De ese análisis surgieron desajustes entre lo que predicen los modelos actuales y lo que realmente se observa.
Las discrepancias aparecen en la velocidad del sonido justo debajo de la zona de convección y en la profundidad de esa capa. Mutlu Yildiz, profesor de la Universidad de Ege e integrante del estudio, indicó que el equipo buscaba averiguar si estos problemas compartían un origen común en la historia temprana del Sol.
Según la teoría, un planeta incorporado a la estrella habría llevado elementos químicos diferentes a su interior. Esos elementos habrían dejado efectos detectables: cambios sutiles en la estructura interna del Sol. Diferencias en la región bajo la zona de convección y una posible relación con la baja abundancia de litio en la superficie.
Un rango de masa muy preciso
Para poner a prueba la hipótesis, el equipo utilizó el programa de evolución estelar MESA y construyó distintos modelos con historias diferentes de acumulación de materia. Luego, contrastó cada resultado con las propiedades reales del interior y la superficie solar.
El modelo que mejor se ajustó a las características actuales del Sol apunta a la absorción de un planeta rocoso de entre cinco y diez masas terrestres. Yildiz indicó que esperaban que la ingestión de un planeta afectara la estructura solar, pero no que los cálculos convergieran hacia un rango de masa tan específico.
La posibilidad de una súper-tierra cercana
Un trabajo publicado hace aproximadamente una década ya había planteado que podían haberse formado súper-Tierras dentro de la órbita de Mercurio. Aquella investigación no especulaba sobre el destino que habrían tenido esos cuerpos.
El nuevo estudio retoma esa idea y evalúa si la desaparición de uno de esos planetas podría vincularse con las anomalías detectadas en el Sol. Aún falta una confirmación independiente. El próximo paso es buscar las posibles «impresiones digitales» dejadas por el planeta y comprobar si pueden detectarse por separado.
Si se detectan, aportarían evidencia adicional al escenario de que el Sol joven incorporó una súper-Tierra.













