Las personas nacidas entre 1960 y 1970 crecieron en una época en la que era habitual pasar varias horas fuera de casa, jugar en la calle y desplazarse por el barrio sin la supervisión de un adulto. Una investigación permite observar cuánto cambió esa experiencia en comparación con la infancia actual.
El principal cambio aparece en la llamada movilidad independiente infantil. Un estudio publicado en Journal of Transport & Health comparó las experiencias de 544 niños con los recuerdos de 500 padres sobre su propia infancia.
Los adultos respondieron cómo se desplazaban cuando tenían entre 10 y 12 años, mientras que los investigadores analizaron las rutinas actuales de sus hijos.
Los resultados mostraron una diferencia significativa. El 91,8 % de los padres recordó que utilizaba medios activos, como caminar o andar en bicicleta, para ir a la escuela, frente al 49,3 % de sus hijos. Para regresar a casa, los porcentajes fueron del 93,2 % y el 56,9 %, respectivamente.
Menos actividades organizadas
También cambió la manera de ocupar el tiempo libre. Los padres recordaron haber realizado un promedio de 1,8 actividades organizadas durante su infancia, mientras que sus hijos alcanzaron 4,1.
En generaciones anteriores era más habitual que los niños inventaran juegos, permanecieran fuera de casa durante varias horas o recorrieran el barrio solos. En la actualidad, una mayor parte del tiempo está vinculada a deportes, clases y otras actividades coordinadas por adultos.
Qué ocurrió con el juego independiente
Otra investigación, realizada por John Day, de la University of Essex, y publicada en 2024, recopiló los relatos de 28 británicos nacidos entre 1950 y 1994.
Los participantes nacidos durante las décadas de 1950, 1960 y comienzos de 1970 describieron una infancia con mayor presencia de actividad física espontánea y juegos sin supervisión adulta.
Además, un estudio con 3.856 niños de 7 años encontró una asociación entre el juego independiente al aire libre, una mayor actividad física y menos tiempo sedentario.
Esto no demuestra que jugar sin supervisión sea la causa directa de esos beneficios, pero ayuda a mostrar cómo se transformaron las rutinas infantiles con el paso de las generaciones.
Estos estudios muestran una transformación en la infancia: los niños de décadas pasadas tenían más oportunidades de desplazarse y jugar de manera autónoma, mientras que las rutinas actuales están más estructuradas y supervisadas.













