Científicos obtuvieron una imagen poco habitual de un tiburón-duende nadando a casi 700 metros de profundidad en las aguas del Pacífico.
El registro permite observar a esta escurridiza especie en su hábitat natural y aporta información sobre su presencia en las profundidades oceánicas.
El animal fue registrado en la Fosa de Tonga, una de las regiones más profundas del planeta. La observación resulta relevante debido a la dificultad de estudiar especies que viven en zonas tan alejadas de la superficie.
¿Qué hace al tiburón-duende tan particular?
El tiburón-duende, cuyo nombre científico es Mitsukurina owstoni, se caracteriza por su aspecto inusual, con un hocico alargado y mandíbulas capaces de proyectarse hacia adelante para capturar a sus presas.
La especie pertenece a un linaje antiguo de tiburones y suele ser descrita como un “fósil viviente” debido a las características que conserva. Sin embargo, como cualquier especie actual, también ha experimentado cambios evolutivos a lo largo del tiempo.

Su presencia en aguas profundas ofrece a los investigadores una oportunidad para estudiar cómo estos animales se han adaptado a ambientes con poca luz, altas presiones y condiciones diferentes de las que existen cerca de la superficie.
Una especie difícil de observar
Los tiburones-duende han sido registrados en distintas regiones oceánicas, pero los encuentros directos son poco frecuentes.
Gran parte del conocimiento sobre la especie procede de ejemplares capturados accidentalmente y de registros obtenidos mediante expediciones científicas.
La imagen obtenida en la Fosa de Tonga permite observar al animal desplazándose libremente en su entorno, algo valioso para comprender su comportamiento y distribución.

¿Qué revela el registro sobre los océanos profundos?
Las observaciones realizadas en aguas profundas ayudan a ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad marina. Aunque los científicos ya conocen la existencia del tiburón-duende, todavía existen muchas preguntas sobre su comportamiento, alimentación, reproducción y distribución.
Los registros obtenidos mediante cámaras y vehículos de exploración submarina permiten estudiar a estos animales sin necesidad de retirarlos de su hábitat.
Por eso, cada nuevo avistamiento puede aportar información para comprender mejor la vida en las profundidades del océano y orientar futuras investigaciones sobre estas especies.













