Su esposa lo abandonó y vende helados en la calle para mantener a su hijo con discapacidad

Redacción Hogar

Dam, un hombre de Bangkok, Tailandia, es padre de un chico con discapacidad y lucha diariamente por darle lo mejor. Al contrario de los planes que él y su esposa tenían para la familia perfecta que criarían, recibieron la noticia de que su primer hijo nació con una condición neuronal.

La esposa del hombre no soportó el diagnóstico de los médicos, así que, al poco tiempo, los abandonó.

Dam debía hacerse cargo de su hijo, sus necesidades, y trabajar para llevar dinero a su familia. En principio, el hombre no se consideró capaz de lograr la tarea en soledad, incluso pensó en suicidarse pero reflexionó que, si lo hacía, ya no quedaría nadie quien cuidara de su hijo.

Decidió cambiar su vida usando los pocos ahorros que le quedaban, y compró un carrito para vender raspados. El producto se convirtió en un éxito dentro de su barrio, así que continuó laborando.

El problema se dio cuando Dam elevó los precios para poder cubrir las necesidades de su hijo. Sus clientes más fieles no tomaron bien la noticia, y alegaron que dejarían de adquirir los raspados si los precios continuaban en incremento.

Frente a las quejas de los compradores, el hombre bajó los costos nuevamente. Y aunque sus necesidades materiales seguían siendo bastante altas, decidió que mantendría los precios iniciales como una muestra de su preocupación por la sociedad.