Ecuador produce biomasa de artemia: el sector camaronero es el principal comprador
Este crustáceo es esencial en las etapas zoea y mysis del camarón. A nivel local se ha fortalecido su producción, pero esta cubre el cien por ciento de la demanda nacional.
La artemia es un pequeño crustáceo branquiópodo que habita en aguas salobres e hipersalinas. Este diminuto crustáceo es un alimento clave en las etapas larvarias del camarón (zoea y mysis).
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En Ecuador la artemia se produce de forma extensiva en las salinas de Pacoa y Mar Bravo, en Santa Elena, ambientes hipersalinos que favorecen su desarrollo natural.
Stanislaus Sonnenholzner, director del Centro Nacional de Acuicultura e Investigaciones Marinas CENAIM–ESPOL, explica que en estos sistemas se produce únicamente en forma de biomasa, pues la producción de quistes no se ha desarrollado a escala industrial, por lo que estos se importan en su totalidad. Cada año, a nivel nacional se importa alrededor de 700 toneladas de quistes de artemia.
Byron Cárdenas, gerente de la división Larvicultura de Agripac, afirma que el mercado ecuatoriano se inclina cada vez más hacia el uso de artemia viva, impulsado por la necesidad de garantizar que el alimento suministrado en los tanques esté libre de patógenos.
Hace tres años, la compañía implementó su Centro de producción de nauplios de artemia salina Agrilab, en la península de Santa Elena. La infraestructura cuenta con dos alas de producción, áreas de cosecha, desinfección y empaque, lo que facilita los procesos de mantenimiento y sanitización. Al mes produce un promedio de siete toneladas de pasta de nauplios de artemia viva.
“Mantenemos un monitoreo constante de todas las fases de producción, de los lotes y disponemos de un equipo técnico y laboratorio de control de calidad propio para asegurar la excelencia del producto entregado a nuestros clientes”, detalla.
Tecnología para la producción de artemia
Dependiendo de su origen, la artemia puede aportar entre 55 y 65 por ciento de proteína en su nutrición. Otra de sus ventajas es que puede enriquecerse, a través de bioencapsulación, con ácidos grasos insaturados HUFA (EPA y DHA), vitaminas, minerales o probióticos.
Gracias al avance de las dietas microencapsuladas y líquidas de alta digestibilidad, dice Sonnenholzner, los laboratorios de larvas han disminuido el uso de artemia. Antes se usaba alrededor de 10 a 12 libras de quistes por millón de larvas producidas; hoy la demanda fluctúa entre las cuatro y seis libras.
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“Los laboratorios trabajan con una estrategia de alimentación de larvas mixta que emplea microalgas, artemia y dietas formuladas. Esto le ha permitido optimizar costos, mejorar bioseguridad y mantener buenos resultados productivos”, afirma.
En Ecuador, la empresa de origen belga I&V-BIO fue pionera en desarrollar una tecnología de animación suspendida para detener el proceso metabólico de la artemia para que, en estado vivo, se pueda manejar la etapa de eclosión.
Este proceso, detalla el director ejecutivo de este laboratorio, José Peré, permite que el organismo no consuma sus nutrientes internos mientras está empacado, sino que se active al colocarlos en los tanques de producción. Un método que garantiza la conservación de sus niveles nutricionales y que llegue libre de vibrios, bacterias y microorganismos.
Los laboratorios de I&V-BIO, ubicados en Santa Elena, son réplicas de los que el grupo tiene en Tailandia, India, Vietnam, Bangladesh e Indonesia. Allí se producen tres tipos de productos derivados de este diminuto crustáceo: artemia Instart1 en su primer estadio; artemia InstartE enriquecida con una mezcla de algas y vitaminas, así como M-bryo, embriones viables de artemia.
“Siempre estamos mejorando las características del producto final para que haya mejores desarrollos en la larva; un ejemplo de esto son los embriones viables de huevos listos para alimentar y la artemia enriquecida, que es clave desde PL2 en adelante”, enfatiza Peré.