El Niño y una posible llegada de La Niña podrían prolongar los riesgos climáticos en Ecuador

Las proyecciones oceanográficas apuntan a una probabilidad cercana al 100% de presencia de El Niño entre febrero y abril de 2027. Mientras una eventual La Niña plantea nuevos riesgos.

Las lluvias intensas registradas este lunes 19 de octubre de 2026 mantienen en alerta al Litoral ecuatoriano, en un contexto marcado por el desarrollo del fenómeno de El Niño.

El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) advirtió sobre precipitaciones fuertes, tormentas eléctricas y ráfagas de viento, asociados al aporte de humedad, la convergencia de vientos en niveles bajos y la dinámica atmosférica que favorece la formación de nubes de desarrollo vertical.

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Pero la preocupación científica va más allá de las lluvias actuales. María del Pilar Cornejo, Ph.D. en Oceanografía y exsecretaria de Gestión de Riesgos, explicó el miércoles pasado, en un evento organizado por la Asociación Ecuatoriana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental (AEISA), que las proyecciones oceanográficas apuntan a una probabilidad cercana al 100% de presencia de El Niño entre febrero y abril de 2027.

El boletín oficial N.º 21 del Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño en Ecuador (Erfen) ya había anticipado que el evento se encontraba en su fase inicial desarrollo a inicios de octubre. De hecho, el informe técnico ejecutivo prevé que se fortalezca durante el último trimestre de 2026.

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Cornejo advirtió que uno de los principales factores de preocupación es el calor acumulado en el océano, que no se limita a la superficie, sino que se extiende a más de 100 metros de profundidad. Según los datos expuestos por la especialista, las anomalías de temperatura en los 80 metros subsuperficiales superan los 8 °C.

Es como tener la hornilla encendida y seguir calentando el agua. Este potencial de calor almacenado, así pare la fuerza que lo genera, no va a dejar que el océano se enfríe por lo menos entre tres o siete meses después de que termine el evento”, advirtió.

Esta inercia térmica podría prolongar los efectos del calentamiento oceánico incluso después de que disminuyan los factores que impulsan el fenómeno.

El impacto del clima en la infraestructura vial provoca graves interrupciones en las rutas de conectividad entre la Sierra y la Costa por deslizamientos e inundaciones, derivando en el desabastecimiento de productos agrícolas o en un aumento considerable de sus precios al consumidor final.

En el sector productivo, el debilitamiento de muros por el exceso de lluvias genera inundaciones severas en camaroneras y cultivos de arroz”, dijo Cornejo.

La Niña, un riesgo posterior

La especialista también señaló la posibilidad de que, después de El Niño, se presente un episodio de La Niña, caracterizado por un enfriamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial.

Los antecedentes de 1986–1987 y 1997–1998 ilustran los riesgos que pueden enfrentar actividades económicas sensibles a las condiciones oceánicas. Según lo expuesto por Cornejo, episodios posteriores de La Niña estuvieron asociados a pérdidas severas para la industria camaronera.

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No obstante, las secuelas más fuertes suelen manifestarse una vez que las precipitaciones ceden, debido al empozamiento de agua y al colapso de las redes sanitarias.

Después de que pasa el evento podemos tener más problemas sanitarios todavía. En el caso de 1996 a 1998, en Perú hubo más muertos por dengue después de que se terminó El Niño —alrededor de 8.000 fallecidos— que los que murieron por el impacto directo del evento”, enfatizó Cornejo.

Turbiedad en el río Daule

El gerente general de la Empresa Pública Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Guayaquil (Emapag), David Ortiz Luzuriaga, expuso durante el foro técnico “El Niño y los Recursos Hídricos en la Costa Ecuatoriana” de la AEISA sobre las vulnerabilidades estructurales del país ante la emergencia climática.

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Ortiz mencionó que el abastecimiento de agua potable en Guayaquil —que requiere una producción diaria de 1 millón de metros cúbicos para la urbe, Nobol y Samborondón— enfrenta serios peligros por la contaminación en la cuenca del río Daule.

Durante las crecidas de hasta la semana pasada, la turbiedad del río ha superado los 2.000 NTU”, dijo.

Basura urbana y la delincuencia organizada

El monitoreo de emergencias en Guayaquil ubicó 103 puntos de alta vulnerabilidad a inundaciones, de los cuales aproximadamente la mitad responde al nivel de las mareas y la otra mitad a la acumulación de basura en sumideros y canales.

En un evento reciente de precipitación, el 60% de las afectaciones (31 de 53 puntos) se debió al taponamiento por desechos sólidos, habiéndose extraído de los canales desde troncos y árboles de Navidad hasta equipos de sonido”, explicó Ortiz.

A la falta de corresponsabilidad ciudadana se suma el accionar de las bandas criminales en zonas vulnerables.

Uno de nuestros principales problemas en los planes preinvernales es la presencia de los Grupos de Delincuencia Organizada, que nos impiden tanto la limpieza como el acceso a sectores con acumulación de agua. Tenemos que coordinar con la Policía Nacional y el Ejército para poder ingresar”, reveló Ortiz.

Frente a esta debilidad institucional, la academia y los organismos técnicos urgen a la ciudadanía a exigir que las autoridades incorporen compromisos concretos de prevención dentro de sus Planes de Desarrollo y Ordenamiento Territorial.