Las décadas perdidas

lunes, 19 octubre 2020 - 11:14
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    POR PATRICIA ESTUPIÑÁN
     
    Después de la Segunda Guerra  Mundial, la actual pandemia  del COVID-19 es considerada como la peor crisis que ha sufrido  el mundo. Sin embargo, para América Latina no existe en los últimos cien  años un evento de mayor magnitud.  La región es la más afectada en número de fallecidos por cada cien mil  habitantes. En la lista de los 10 países con la tasa más alta de muertos,  la mitad son latinoamericanos: Perú  (101), Bolivia (70), Brasil (68), Ecuador (67) y México (62). Es un testimonio doloroso sobre la deficiencia crónica de los servicios de salud pública.
     
    Al dolor de los muertos hay que  añadir el colapso de la economía. La  contracción será la peor en el mundo. La Cepal estima que la región decrecerá en 9,3 por ciento este año. La  pandemia borró de un plumazo los
    avances sociales de la década del boom  de las materias primas. Unos 45 millones de personas que habían ingresado a la clase media se convirtieron  en pobres, esto equivale a un 37 por  ciento de la población total. También  han sido gravemente afectados aquellos que conservan un empleo, pues  según la Organización Internacional  del Trabajo, sus ingresos salariales se  han reducido en 19 por ciento, casi  el doble de la tasa de reducción de 10  por ciento a nivel mundial. Estudios  del Banco Interamericano han determinado que tras una contracción de  cinco por ciento en el Producto Interno Bruto, un país latinoamericano requiere de nueve años para volver a los índices anteriores. Estamos  ante una realidad de desesperanza,  recuperar lo perdido tomará más de  nueve años. América Latina se desarrollará menos que África. ¿Por qué?
     
    El virus mata aun a los países  desarrollados, pero hubiera matado  menos a nuestra región si los latinoamericanos no tuviéramos gobiernos  incompetentes y corruptos, dominados por el clientelismo político. Es un  círculo vicioso. La desigualdad y la  desesperanza permiten que vendedores de fantasías y espejismo capturen  el voto de las masas. Es una tragedia  que se llama populismo y cuyo gen  perverso está en el ADN de nuestra  política. Ocurre con distintos matices ideológicos, a veces en un mismo partido como en Argentina, donde el  peronismo de izquierda está representado por la pareja de los Kirchner  y de derecha en Menem. No importa, el resultado es siempre el mismo:  enriquecimiento de los populistas y  empobrecimiento de los más pobres,  a quienes dicen representar. Logran  imposibles como lo ocurrido en Venezuela, que pasó de ser el más próspero de la región a uno de los más  pobres, superado solo en miseria por  Haití, pero sentado en las mayores reservas de petróleo del mundo.
     
    Y de estas crisis, hay un temor  mayor. La región comienza un ciclo electoral de cambios presidenciales y de legislaturas. ¿Habrán comprendido los electores que para salir  de la crisis se necesitan de buenos  gobiernos y no de buenos charlatanes? ¿Podrán enterrar aquel concepto de que no importa que roben pero que hagan obras? Solo los buenos  gobiernos salvarán a la región y los  buenos gobiernos son aquellos que  administran con eficiencia y honestidad. Piense eso antes de entregar  su voto, si no quiere alternar entre  falsa bonanza y crisis.

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