El sueño de un nuevo ciclo democrático

Redacción martes, 13 abril 2021 - 05:58
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    El país arranca la semana post electoral de una forma que quizás nadie pudo vaticinar: En lugar de amanecer con desdicha, chuchaqui moral y mala noche, porque los resultados no se cargan en la página web del CNE, o porque los futuros representantes anochecen declarándose odio eterno, nos fuimos a dormir con un candidato electo ganador y su contendor aceptando su derrota. Por si esto fuera poco, el candidato Andrés Arauz hizo el gesto de llamar al presidente electo Guillermo Lasso y desearle suerte, porque su éxito será el de todos nuestros compatriotas. Un anochecer de película, de esos que sólo pasan en el imaginario de un director de cine extranjero, o en las noticias de los países escandinavos. Pero no es así; sucedió en esta tierra equinoccial y con ritmo, probablemente por primera vez en esa magnitud desde el retorno a la democracia. Aplausos y buenas noches en la república de soñadores incansables. 
     
    ¿Cómo hacemos para que ese sueño del ahora no termine volviéndose en la pesadilla del mañana? Probablemente transformando esa ilusión en una estrategia, aprendiendo de los errores del pasado en vez de satanizarlos. En ese aspecto, el futuro gobernante y su equipo necesitan hacer una profundísima catarsis sobre la realidad ecuatoriana, sin sesgos. 
     
    La primera realización post campaña debería ser el hecho de que el gobierno actual ha tomado gran parte de sus decisiones como un gobierno de derecha, al igual que los futuros ocupantes de Carondelet. El presidente Lenin Moreno se va con los peores números de aprobación, a nivel regional, por no lograr una reactivación económica impulsada por la inyección de capital desde el sector privado, mientras ejecutaba sus políticas de austeridad, reducción del tamaño del Estado y acumulación de las reservas, entre otros. Siendo propositivos y consecuentes con la ilusión presente, se podría aducir de que la falla actual no es el modelo ideológico de derecha en sí mismo, sino más bien la incapacidad del actual presidente y su equipo de poder atraer efectivamente el capital privado en la cantidad necesaria, además de un pésimo manejo de la triple crisis de salud, económica y política. El tiempo nos dará la respuesta. 
     
    La reflexión no debería quedar ahí, sino también revisar otros datos. Uno de ellos debería ser la falta de capacidad para generar empleos adecuados, con una creciente población económicamente activa, a nivel histórico. El reto no está entonces solamente en que un gobierno de libertades empresariales ocupe el poder, o que las compañías finalmente generen las condiciones que siempre claman para invertir, pero adicionalmente en que ese capital termine llegando a los flujos de caja del sector privado, y que con ello produzcan más empleos. No entender los errores del pasado en este sentido, puede condenar al nuevo mandato hacia el fracaso, catapultado por su propuesta de austeridad. 
     
    La propuesta de Guillermo Lasso logró convencer a la mayoría de un país con la noción de que la salida a la peor crisis en medio siglo estará a cargo principalmente del sector privado. El titánico reto entonces, junto a las cámaras y los sectores en general que han respaldado esta propuesta, será sacar de la escandalosa zona de confort a los que más tienen y transformar esa visión de caridad, hacia una verdadera de inyección de recursos en el aparato productivo del Ecuador. Todo esto en lugar de una mayor acumulación de unos pocos, o la salida de capitales, como ha sido en incontables ocasiones. De eso dependerá que el sueño de un nuevo ciclo democrático no termine convirtiéndose en la pesadilla recurrente para los que menos tienen, y que producto de ello, eventos como los que sucedieron en octubre del 2019 vengan con aún mayor fuerza y terminen rompiendo el orden constitucional.      
     
     

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