Nélida salió de Venezuela con 22 años y un hijo de dos. Como miles de personas forzadas a huir, llegó a Ecuador buscando una oportunidad para empezar de nuevo. Su primer empleo fue lavar más de 300 platos al día para sostener a su familia. Era un trabajo digno, pero no iba acorde a su potencial.
Hoy su historia es diferente. Gracias a un programa de Formación Dual impulsado por ACNUR, Humboldt Zentrum y la empresa privada, recibió capacitación en farmacéutica y atención al cliente, realizó prácticas en una farmacia y, luego, fue incorporada como colaboradora de la empresa.
Su caso demuestra algo que solemos olvidar cuando hablamos de desplazamiento: las personas refugiadas no necesitan caridad, sino oportunidades.
Lea también: Vistazo recibe el Sello Empresa Inclusiva de ACNUR por visibilizar historias de movilidad humana
En momentos en que el mundo enfrenta niveles récord de desplazamiento forzado, la pregunta que debemos hacernos es qué estamos haciendo para que las personas puedan reconstruir sus vidas y aportar con su talento, experiencia y capacidades. Y ahí el sector privado es fundamental.
Durante años la conversación se ha centrado en la asistencia humanitaria, olvidando que la inclusión también ocurre cuando una persona consigue un empleo, abre un emprendimiento o accede a servicios financieros. La inclusión ocurre cuando además de sostenerse por sí misma, es capaz de aportar al desarrollo de su comunidad.
Por eso, cuando una empresa contrata a una persona refugiada, incorpora emprendimientos en su cadena de valor o promueve ambientes de trabajo inclusivos, no solo está transformando una vida, está también fortaleciendo su organización, enriqueciendo su cultura organizacional y contribuyendo a construir un mundo posible.
Lea también: América registra 23 millones de personas desplazadas de manera forzada
Esa es la visión que inspira el Sello Empresa Inclusiva, una iniciativa de ACNUR que este año celebra su quinta edición. Desde su creación en 2022, cerca de 300 empresas han sido reconocidas por impulsar acciones de inclusión en ámbitos como empleabilidad, formación, inclusión financiera, cadenas de valor y fortalecimiento comunitario.
Este año, 105 empresas han recibido el reconocimiento y más de 800 personas fueron contratadas por organizaciones distinguidas en la categoría de empleabilidad. Detrás de cada cifra hay una historia como la de Nélida: una persona que encontró una oportunidad para demostrar sus capacidades y una empresa que descubrió talento y habilidades.
Empresas de sectores tan diversos como banca, consumo masivo, farmacéutica, servicios, alimentación y otros están demostrando que la inclusión no es una tendencia, es una decisión estratégica que genera valor. El sector privado nos está demostrando que podemos convertir la solidaridad en desarrollo.
Y aunque aún existen miles de personas en movilidad humana con formación, experiencia, talento y ganas de aportar, el desafío hoy en día es abrir más puertas. Porque cuando una persona refugiada accede a una oportunidad, no solo cambia su vida, cambian las empresas, sus colaboradores, las comunidades y el país entero.