Andrea Orellana: científica ecuatoriana gana premio L’Oréal-UNESCO Mujeres en la Ciencia 2026

La científica ecuatoriana Andrea Orellana recibió el premio por una investigación que busca predecir la respuesta de pacientes con linfoma de células B a los tratamientos.

¿Por qué dos pacientes con el mismo tipo de cáncer y el mismo tratamiento pueden tener respuestas distintas? Esa es una de las preguntas que guía la investigación de la doctora Andrea Orellana Manzano, profesora titular de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL) y ganadora del reconocimiento regional L’Oréal-UNESCO Para Mujeres en la Ciencia 2026, realizado en Lima, Perú.

El proyecto multidisciplinario, trabajado en conjunto con SOLCA, analiza los cambios epigenéticos asociados al linfoma de células B para identificar posibles marcadores que permitan anticipar si un paciente tendrá una respuesta favorable o un fracaso terapéutico.

¿Por qué es importante esta investigación? Orellana señala en su informe para el concurso que América Latina enfrenta una brecha en oncología de precisión: menos del 4 % de las muestras utilizadas en estudios de asociación de genoma completo provienen de personas de ascendencia latinoamericana.

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En este contexto, su investigación busca generar evidencia sobre pacientes latinoamericanos y aportar conocimiento que permita avanzar hacia tratamientos más precisos y adecuados para esta población.

Con este trabajo, Andrea fue una de las tres científicas premiadas junto a la Dra. Ainhoa Rubio Clemente, de la Universidad de Antioquia, en Colombia y la Dra. Sheena Sangay, de la Universidad Nacional Agraria la Molina, en Perú. La científica de la ESPOL obtuvo 97,15 puntos, la calificación más alta entre las tres ganadoras.

Cada una recibió USD 10.000 para apoyar sus estudios y sus proyectos de investigación.

$!Fotografía de las tres ganadores de Colombia, Perú y Ecuador reconocimiento regional L’Oréal-UNESCO Para Mujeres en la Ciencia 2026.

Una brecha que también alcanza a la ciencia

Este reconocimiento ocurre en medio del desarrollo de un campo donde la participación femenina todavía está lejos de la paridad. Según cifras presentadas por L’Oréal durante la ceremonia, solo un tercio de las personas investigadoras en el mundo son mujeres.

En las disciplinas STEM, por ejemplo, las mujeres representan apenas un 35 % de quienes se gradúan. La brecha también aparece en los reconocimientos científicos de mayor relevancia: menos del 8 % de los premios Nobel de ciencia han sido otorgados a mujeres, de acuerdo con los datos citados por la organización.

En ese sentido, Eduardo Gotuzzo, CEO de la empresa para Centroamérica y Región Andina, en entrevista con Vistazo, destacó:

Cuando las mujeres no pueden desarrollar plenamente sus carreras científicas perdemos talento, perspectivas y posibles soluciones. Una ciencia más diversa puede comprender mejor la necesidad de la sociedad y contribuir a responder a retos como la salud pública, el cambio climático y el desarrollo de tecnologías responsables. Con esa convicción L'Oréal Group y la UNESCO impulsa For Women in Science desde hace más de 28 años"

Hasta la fecha, el programa For Women in Science ha apoyado a más de 5.000 investigadoras en más de 140 países. Siete de estas científicas recibieron posteriormente un Premio Nobel.

En la edición 2026, 92 científicas participaron en la convocatoria de los tres países. El proceso incluyó más de 140 evaluadores iniciales y un grupo final de seis jurados, vinculados con universidades y al ámbito científico de Ecuador, Colombia y Perú.

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El programa busca especialistas de distintas áreas, entre ellas ciencias formales, ciencias de la vida y ambientales, ciencias físicas, ciencias de la ingeniería y ciencias tecnológicas.

$!Fotografía de un conversatorio sobre el avance de la igualdad de género en los campos STEM durante la ceremonia L’Oréal-UNESCO Para Mujeres en la Ciencia 2026.

La ciencia como una curiosidad que comenzó en casa

Para Orellana, el interés por la investigación comenzó mucho antes de la universidad. Sus padres son farmacéuticos y su madre también fue docente-investigadora de la ESPOL. Durante su infancia, el laboratorio clínico familiar fue parte de su entorno cotidiano.

Nos aburríamos, íbamos a ver qué estaban haciendo nuestros padres y ellos, como siempre, estaban analizando en microscopio, viendo células, viendo parásitos”, recordó en una entrevista con Vistazo.

Andrea estudió un doctorado en Farmacología en la Universidad de Chile, donde investigó los cambios en los niveles de expresión genética en niños frente a la infección por Helicobacter pylori.

Esa experiencia marcó su trayectoria científica y consolidó su interés por la epigenética y por el estudio de poblaciones poco representadas en la investigación.

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Ahora lleva cerca de nueve años en la ESPOL, donde es profesora titular. Su investigación actual busca trasladar ese conocimiento hacia un problema concreto: entender por qué un tratamiento funciona mejor en unos pacientes que en otros.

Entrevista a la doctora Andrea Orellana

En entrevista con Vistazo, Orellana habló sobre lo que la impulsó a trabajar en el área de epigenética:

¿En qué consiste el proyecto por el que recibió el reconocimiento?

Es un proyecto multidisciplinario en colaboración entre la ESPOL y SOLCA de Guayaquil. Trabajamos desde hace más de dos años, primero con colaboraciones y posteriormente con la ejecución del proyecto. Se enfoca en los marcadores epigenéticos asociados al linfoma de células B.

Imaginémonos que tenemos a dos pacientes frente al mismo tratamiento y la misma enfermedad, pero ambos no responden de la misma manera. Frente a esa pregunta, queremos saber por qué un paciente responde mejor que otro y cuáles son los cambios moleculares, específicamente epigenéticos. Es decir, modificaciones que afectan la expresión de los genes sin alterar la secuencia del ADN.

El objetivo es determinar si esos cambios pueden ofrecer información sobre la evolución de la enfermedad y la respuesta a los medicamentos.

¿En qué etapa se encuentra ahora la investigación?

Este proyecto recién está en la fase de reclutamiento de pacientes. Necesitamos mantener siempre la ética y el respeto de los procesos. Trabajamos con SOLCA, así que todo reclutamiento debe cumplir con esos protocolos. Nos está costando llegar al número poblacional necesario. También estamos alistando las técnicas y, en este momento, analizamos a nivel bioinformático cuáles serían los potenciales genes.

¿Qué necesitan para avanzar?

Necesitamos apoyo y fondos. Si bien el proyecto cuenta con fondos específicos, son limitados. Es necesario, por ejemplo, el apoyo al talento humano y la implementación de nuevas tecnologías. Aunque tengamos la intención de hacer todo, necesitamos apoyo para que esto pueda seguir funcionando y avanzando. También podemos tercerizar algunas cosas, pero es importante potenciar esta línea de investigación a nivel nacional.

¿Qué sientes al saber que obtuviste el puntaje más alto entre las tres ganadoras?

No me lo esperaba. Cuando recibí la llamada, yo estaba llorando y quizás me lo dijeron, pero no entendí lo que me dijeron. Me vine a enterar después de que otuve el mejor puntaje. Es muy emocionante, honestamente. Es un orgullo. Para mí fue como decir: “Andrea, observa, abrázate, agradécete, lo lograste”. De verdad ha sido algo maravilloso. Todavía estoy en shock.

¿Qué papel tuvo su familia en su acercamiento a la ciencia?

Mi modelo a seguir es mi madre, que también es científica. Estoy muy agradecida de mi entorno porque tuve esa experiencia científica desde muy pequeña. Mi hermana mayor estudió Medicina. En sus clases de anatomía tenía cerebros y huesos. Nosotros íbamos y nos parecía extremadamente interesante. Jugábamos, según nosotros, y les desordenábamos todos sus estudios.

Es muy importante la influencia y la aproximación hacia la ciencia: potenciar la curiosidad, no limitarla, no detenerla ni cohibirla, sino permitir que esa exploración se fortalezca.

¿Qué les diría a las niñas que quieren dedicarse a la ciencia?

Que sigan lanzándose, que sigan jugando, que fomenten esa curiosidad y que principalmente confíen en sí mismas. Lo peor que les pueden decir es no.