La naturalista, que ejerce como guía en línea dentro de un campo denominado como intimidad personal, contó a la agencia de noticias SWNS que sintió erotismo al percibir al árbol como algo tan viejo e imponente sobre lo que podía recostar su espalda.
"Noté una conexión con el árbol al apoyarme contra él (...) La presencia que siento con él es lo que busco, pero eso es una fantasía con una persona”, acotó Semyonova, precisando que le causa euforia verse a si misma diminuta cuando se acerca al gigantesco roble.
No obstante, Semyonova aclaró al medio que no mantiene ninguna clase de interacción física de naturaleza sexual con el árbol. Ella asegura que toda la experiencia se desenvuelve en su mente.
"Un gran error es pensar que la ecosexualidad significa sexo entre las personas y la naturaleza, es una forma diferente de explorar lo erótico", explicó la mujer, quien considera a la Tierra como su amante.
"Ver el cambio de estaciones es para mí un acto erótico. Pasas de la muerte en invierno y luego todo vuelve a la vida en primavera y se aparea”, concluyó, en una entrevista que captó la atención de miles de internautas, quienes en su mayoría cuestionaron la decisión de la mujer y calificaron su atracción como un fetiche.