Un equipo de investigadores sumergió un dispositivo con cámara de vídeo e hidrófono hasta 260 metros de profundidad bajo el hielo ártico, con el objetivo de estudiar la vida submarina en aguas de Groenlandia. En el fiordo de Inglefield Bredning, el dispositivo registró una escena que los investigadores no esperaban encontrar: un pez que se movía hacia atrás con toda normalidad.
El propósito original del equipo era captar el comportamiento de los narvales en su entorno, pero terminó registrando un suceso mucho más infrecuente. El dispositivo se sumergió desde una embarcación el 1 de agosto de 2025 y alcanzó los 260 metros de profundidad.
Durante tres días, el dispositivo grabó vídeos de 10 minutos con audio cada 20 minutos: 223 archivos en total. El equipo lo recuperó el 9 de agosto, y el registro ahora forma parte de un estudio publicado en PLOS One.
El experimento en el Ártico
La zona elegida para esta investigación es poco estudiada por la comunidad científica. El fiordo glaciar presentaba condiciones extremas y exigió un sistema de registro capaz de soportar la presión y el frío intenso del ambiente submarino de la región.
El dispositivo incorporó luz roja con el fin de alterar en la menor medida posible las reacciones de los animales del entorno. Esta tecnología permite captar imágenes sin alterar las respuestas naturales de las especies que habitan en esas profundidades oscuras. El hidrófono complementó la información visual al captar sonidos del ambiente submarino que de otro modo habrían pasado desapercibidos.
Un hallazgo inesperado
Entre los registros obtenidos durante la expedición, destaca la aparición de un pez babosa que nadaba hacia atrás. El ejemplar pasó frente a la cámara mientras parecía dejarse llevar por la corriente. Permaneció inmóvil durante unos 16 segundos antes de salir del encuadre, lo que permitió a los investigadores documentar en detalle su movimiento hacia atrás.
Además, la investigación permitió captar sonidos del fondo marino. Los narvales solo se dejaron ver una vez frente a la cámara, aunque sus sonidos se escucharon de forma constante y dominaron el registro acústico durante casi toda la prueba.
El comportamiento del pez desafía las suposiciones previas sobre cómo se desplazan ciertas especies en las profundidades árticas y abre nuevas líneas de investigación sobre la adaptación de la fauna a condiciones extremas.













