Durante décadas, la bebida oscura de la mañana cargó con la reputación de perjudicar el corazón. Hoy, la evidencia científica ha girado por completo: quienes la consumen regularmente registran un 15% menos de riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, según explicó el epidemiólogo británico Tim Spector en una entrevista concedida a The Telegraph.
Los años 80′ marcaron un punto de inflexión en la percepción sobre esta infusión. En esa época, investigadores la asociaban con elevados riesgos para la salud del corazón, una conclusión que estudios posteriores terminaron desechando. Tanto la variedad tradicional como la descafeinada aportan compuestos beneficiosos que protegen el organismo.
La fibra soluble que nutre las bacterias intestinales
Una taza preparada con filtro aporta 1,5 gramos de fibra soluble, una cantidad comparable a la que ofrece una mandarina. Ese aporte alimenta directamente a las colonias microbianas que habitan el intestino y favorece su desarrollo y variedad genética.
Según Spector, quienes mantienen el hábito diario presentan un microbioma intestinal notablemente más diverso que quienes prescinden por completo de la bebida. El especialista destacó la presencia de Lawsonibacter, una bacteria que se multiplica gracias a esa fibra soluble del producto.
Los antioxidantes detrás del efecto protector
Buena parte del beneficio proviene de los polifenoles, unos antioxidantes que combaten la inflamación y el estrés oxidativo en el organismo. Aunque añadir leche puede reducir la concentración de estos compuestos, el efecto protector sobre la flora intestinal se mantiene intacto.
Al tratarse de un producto que pasa por fermentación, también suma probióticos y matices de sabor que enriquecen su perfil nutricional. Spector lo sitúa, junto al té verde y al matcha, entre las bebidas con mayor impacto positivo sobre la salud integral del cuerpo.
Efectos inmediatos y cambios a largo plazo
A corto plazo, el consumo se vincula con mayor concentración, mejor ánimo y más energía durante la vigilia. Con el paso de los años, diversas investigaciones lo relacionan con un menor riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson.
La incidencia de cánceres de hígado y mama también desciende en quienes mantienen este hábito de manera sostenida. Spector recomienda consumir entre dos y cuatro tazas diarias y ajustar la cantidad a las características individuales de cada persona. Según el especialista, esa cantidad moderada es clave para aprovechar el impacto positivo sin generar efectos adversos.













