Con tan solo 23 años, Norman Lee apostó a una bebida que casi nadie conocía en el país. Por entonces se dedicaba a la cría de pollos en el sur del Gran Buenos Aires, un rubro que no le estaba dando buenos resultados y lo empujó a buscar otro camino. En 1942, vio en Coca-Cola una oportunidad para transformar su futuro.
Como las normas vigentes no permitían que alguien menor de 25 años inscribiera una compañía, registró el emprendimiento bajo el nombre de su padre, Reginald Lee. Así surgió Reginald Lee S.A., la firma que se convertiría en la primera embotelladora y distribuidora oficial de Coca-Cola en el país.
Lee conocía bien el territorio donde vivía y se ofreció para desarrollar la red comercial de la marca en la región.
Del depósito al vecindario: la estrategia que funcionó
Las operaciones comenzaron desde un depósito en Quilmes con recursos muy limitados: apenas cuatro camiones y 15 triciclos de carga. La bebida se embotellaba en la clásica botella de vidrio. El verdadero desafío no era la logística, sino convencer a una población acostumbrada a otros sabores a probar algo completamente nuevo.
Sin campañas publicitarias masivas ni televisión, Lee puso en práctica una estrategia artesanal que resultó decisiva: visitaba almacenes, bares y casas de vecinos para distribuir muestras gratuitas del producto. La táctica de contacto directo generó una demanda inesperada, e la bebida empezó a ganar espacio en los hogares y creció de forma sostenida a lo largo de los años.

Expansión y legado de más de ocho décadas
Para fines de la década de 1950, el crecimiento del negocio dejó chico al depósito original de Quilmes, lo que llevó a sumar una nueva planta en Berazategui, que con el tiempo se volvió uno de los sitios más emblemáticos vinculados a la familia Lee. Lo que comenzó como la apuesta de un joven de 23 años frente a la crisis se expandió significativamente por la región.
Más de 80 años después de aquellos primeros repartos desde Quilmes, aquella bebida que pocos conocían se convirtió, gracias a la visión de Norman Lee, en un símbolo cultural y comercial muy arraigado en Argentina.
Coca-Cola pasó de ser un producto prácticamente inexistente a convertirse en uno de los símbolos más reconocibles de la industria de bebidas en el país. Gracias a la persistencia y la estrategia comercial de un joven que apostó todo a los 23 años.













