Reducir la exposición al azúcar durante las primeras etapas de la vida podría estar relacionado con un menor riesgo de demencia décadas después, según un estudio reciente realizado por la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong (HKUST).
La investigación analizó a más de 64.000 personas nacidas en el Reino Unido durante y después del período de racionamiento de azúcar posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Los investigadores encontraron que quienes estuvieron expuestos a una menor disponibilidad de azúcar desde el embarazo y durante sus primeros años de vida presentaron un riesgo menor de desarrollar demencia posteriormente.
Un experimento natural basado en el racionamiento
El estudio incluyó a 64.737 personas y comparó diferentes grupos según el momento en que estuvieron expuestos al racionamiento de azúcar.
Entre quienes experimentaron esta restricción desde antes del nacimiento y hasta su primer año de vida, el riesgo de demencia fue un 21% menor que entre quienes nacieron después del final del racionamiento. Para quienes estuvieron expuestos a la restricción desde el embarazo y hasta los dos años, la reducción estimada llegó al 23%.
Los investigadores también observaron que, entre quienes desarrollaron demencia, su aparición se produjo en promedio 2,6 años más tarde entre las personas expuestas a una menor disponibilidad de azúcar durante los primeros años de vida.
¿Qué relación puede existir con la salud cerebral?
Los resultados plantean la posibilidad de que la alimentación durante las primeras etapas de la vida tenga efectos que se extiendan hasta la edad adulta.
Algunos participantes también fueron sometidos a estudios de imagen cerebral, y los investigadores encontraron diferencias en determinadas características de la estructura cerebral entre los grupos.
Los resultados refuerzan el interés científico por comprender cómo la nutrición durante el embarazo y los primeros años de vida puede relacionarse con la salud cerebral a largo plazo.
El estudio, publicado en la revista Neurology en julio de 2026, aporta una nueva perspectiva sobre la relación entre nutrición y salud cerebral, pero sus resultados deben interpretarse con cautela.













