En la costa occidental de Groenlandia, pescadores y tiburones de Groenlandia compiten por los mismos caladeros y especies marinas. Estos tiburones, una de las especies menos conocidas del planeta y considerados los más lentos del mundo, quedan atrapados con regularidad en las líneas de pesca destinadas al fletán de Groenlandia y al bacalao del Atlántico.
Para los pescadores locales, el animal significa pérdida económica y daño a sus equipos. Para los conservacionistas, cualquier reducción deliberada de la población podría causar consecuencias ecológicas de difícil reversión, especialmente dado el ciclo de vida extraordinario de la especie.
Un plan polémico que dividió opiniones
En 2026, el municipio de Avannaata, cuya sede administrativa es Ilulissat, aprobó un programa para eliminar mil ejemplares. La iniciativa ofrecía 300 coronas danesas por cada corazón entregado. El gobierno descartó el plan tras cuestionar su legalidad, aunque la posibilidad de futuras acciones sigue abierta.
Nick Dulvy, especialista en conservación marina de la Simon Fraser University en Canadá, advirtió que capturar miles de ejemplares de esta especie causaría un desastre desde la perspectiva ambiental.
Un ciclo de vida extremadamente lento
El tiburón de Groenlandia alcanza entre seis y siete metros de largo y puede vivir más de 400 años. Lo más preocupante para los investigadores es que la madurez sexual llega alrededor de los 150 años, por lo que la población se repone con lentitud.
La especie habita aguas profundas y frías del Atlántico Norte y Occidental. Al alimentarse de los mismos peces capturados por los pescadores, termina enredándose frecuentemente en equipos de pesca. Los especialistas estiman que unos 3.500 tiburones de Groenlandia quedan atrapados accidentalmente cada año, mientras la población mundial sigue en declive.
Un conflicto económico con raíces históricas
La explotación comercial del tiburón para extraer aceite de su hígado cesó en los años sesenta del siglo XX, pero la especie aún se recupera de siglos de captura intensiva. En 1948, en el apogeo de esa industria, desembarcaron 58 mil animales.
Hoy, los pescadores de Ilulissat y otras comunidades costeras enfrentan pérdidas cotidianas. Un pescador de 27 años reportó haber perdido alrededor de 6 mil anzuelos apenas este año, con perjuicios diarios que alcanzan 30 mil coronas danesas. Los tiburones rompen las líneas destinadas al fletán y obligan a los trabajadores a reemplazarlas constantemente.
Muchos pescadores argumentan que capturar estos animales exige anzuelos más grandes y cadenas más resistentes, lo que eleva significativamente los costos operativos. Por eso, la compensación municipal de 300 coronas por ejemplar no les resulta atractiva.













