Hacer la cama al despertar puede significar más que mantener el orden. Quienes realizan esta tarea todos los días tienen un 19% más de probabilidades de decir que duermen bien, según un estudio de la National Sleep Foundation de Estados Unidos.
Estirar las sábanas y acomodar la almohada al levantarse puede ayudar a generar una sensación de control al inicio de la jornada. Especialistas en comportamiento vinculan esta práctica con la búsqueda de orden en los primeros momentos del día, algo que podría extenderse a otras áreas de la rutina.
Qué revela la investigación sobre este hábito
La National Sleep Foundation realizó la encuesta Bedroom Poll para explorar hábitos relacionados con el descanso y el ambiente de la habitación. En 2011, los investigadores entrevistaron por teléfono a 1.500 adultos estadounidenses de 25 a 55 años y hallaron un patrón en sus respuestas.
Aquellos participantes que reportaban dormir bien casi todas las noches representaban el 42% del total. Durante los días de trabajo, este grupo dormía en promedio 7 horas y 9 minutos, mientras que los demás descansaban alrededor de 6 horas.
Más del 70% de los encuestados dijeron sentirse más cómodos con sábanas de olor fresco. Además, más de tres cuartas partes consideraron esencial una ropa de cama cómoda para lograr un buen descanso.
Por qué arreglarse la cama genera sensación de control
Hacer la cama tiene características que pueden generar una sensación de logro inmediato. La tarea se completa en pocos minutos, ofrece un resultado visible al instante y suele ser la primera actividad terminada del día.
El concepto ganó popularidad en 2014, cuando el almirante William McRaven, de la Universidad de Texas, pronunció un discurso en el que defendió que cambiar el mundo comienza por hacer la cama.
En psicología, esta idea se aproxima al concepto de pequeñas victorias, descrito por el psicólogo Karl Weick en 1984. Weick demostró cómo resultados pequeños y concretos ayudan a enfrentar problemas de mayor envergadura. Completar una tarea ordenada estimula la siguiente actividad, creando un efecto en cadena que puede moldear el resto de la jornada.
Cómo convertir este hábito en una rutina sostenible
Para mantener el hábito, conviene simplificarlo, y cuantas menos piezas de ropa de cama y menos pasos requiera la tarea, mayor será la probabilidad de mantenerla incluso en días ajetreados. Hacer la cama inmediatamente después de levantarse, antes de revisar el teléfono, asocia la acción con un momento fijo de la mañana.
Asociar un nuevo hábito a algo que ya ocurre naturalmente cada día es una estrategia comprobada para construir rutinas duraderas.
Abrir la ventana algunos minutos para ventilar Estirar la sábana y la cobija Acomodar las almohadas Retirar ropa y objetos de la cama Cambiar las sábanas una vez por semana Comenzar el día haciendo la cama puede dejar la habitación más agradable y dar impulso al resto de la mañana.
La ciencia aún no prueba que el hábito mejore el sueño, por lo que conviene probarlo durante una semana y observar si produce alguna diferencia.













