Dejar la carne congelada sobre la encimera parece la forma más rápida de preparar la comida. Pero expone el alimento al calor ambiente y permite que las bacterias se multipliquen con rapidez, según advierte la Singapore Food Agency.
La superficie externa se calienta mucho antes que el núcleo congelado, lo que crea un ambiente ideal para que los microorganismos nocivos se multipliquen rápidamente. Incluso si la pieza parece firme por dentro, las toxinas pueden acumularse en las capas que ya se ablandaron, y la cocción posterior no siempre las elimina por completo.
El refrigerador: el método más seguro
Traslada la carne directamente a las bandejas inferiores del refrigerador. Es el método más estable para proteger la seguridad del alimento. La transición gradual evita cambios bruscos de temperatura y mantiene el producto en condiciones que frenan el crecimiento bacteriano sin afectar la calidad de la fibra muscular.
El proceso solo requiere planificación: las piezas grandes necesitan varias horas para descongelarse por completo. La descongelación en el refrigerador conserva la humedad natural del corte y permite preparar comidas más sabrosas y seguras desde el punto de vista microbiológico.
El microondas como alternativa rápida
Cuando no hay tiempo, la función de descongelación del microondas ofrece una alternativa rápida. El aparato emite ondas que calientan las moléculas de manera uniforme y reducen el tiempo en que los gérmenes podrían multiplicarse en la pieza.
Para usar el microondas de manera eficiente, pausa el ciclo a la mitad del tiempo programado y gira la porción. Después, cocina la carne de inmediato en la estufa para evitar que los gérmenes se multipliquen y mantener la seguridad del alimento.
Contaminación cruzada: cómo evitarla
Los líquidos que escurren durante el descongelamiento contienen materia orgánica que puede contaminar superficies y utensilios cercanos. Usa recipientes profundos con bordes elevados para evitar salpicaduras y que los líquidos entren en contacto con otros ingredientes frescos.
Lava las tablas de corte con agua corriente y jabón neutro inmediatamente después de manipular la carne. Lávate también las manos para evitar que los microbios se dispersen por la cocina.













