En los océanos del período Cretácico, un enorme cefalópodo pudo haber ocupado el lugar de uno de los principales depredadores marinos.
Se trata de Nanaimoteuthis haggarti, una especie que vivió hace unos 86 millones de años y que, según las estimaciones de los científicos, alcanzaba hasta 19 metros de longitud, superando el tamaño promedio de un autobús, que suele medir unos 14 metros.
La especie fue identificada a partir de fósiles hallados en Canadá y Japón, un descubrimiento que aporta nueva información sobre la diversidad de la vida marina durante el Cretácico.
Un cefalópodo de dimensiones extraordinarias
Con una longitud estimada de hasta 19 metros, Nanaimoteuthis haggarti se encontraba entre los animales más grandes de su época, compartiendo los océanos con reptiles marinos como Mosasaurus hoffmannii, que podía alcanzar unos 18 metros.
Aunque pertenecía al grupo de los invertebrados, su tamaño sugiere que habría sido un depredador capaz de capturar peces y otros cefalópodos con ayuda de sus tentáculos y su resistente pico.
Los fósiles cambiaron lo que se sabía sobre la especie
El estudio se basó en el análisis de mandíbulas fosilizadas descubiertas en distintos yacimientos. Durante años, estos restos fueron atribuidos a vampirocalamares, pero una nueva investigación concluyó que en realidad pertenecían a antiguos pulpos.
Esta reclasificación permitió a los investigadores identificar dos especies, Nanaimoteuthis jeletzkyi y Nanaimoteuthis haggarti. En el caso de esta última, las estimaciones indican una longitud de entre 7 y 19 metros.
Un océano habitado por gigantes
Durante el Cretácico superior, los mares albergaron algunas de las especies más grandes conocidas. Además de Nanaimoteuthis, convivían otros invertebrados de gran tamaño, como la amonita Parapuzosia seppenradensis, cuyo caparazón podía alcanzar hasta 2 metros de diámetro.
Este hallazgo refuerza la idea de que los cefalópodos también evolucionaron hasta alcanzar dimensiones extraordinarias y desempeñaron un papel destacado en los ecosistemas marinos de la época.
El descubrimiento de Nanaimoteuthis haggarti amplía el conocimiento sobre la biodiversidad de los océanos del Cretácico y demuestra que los invertebrados también pudieron figurar entre los mayores depredadores marinos.
Los investigadores esperan que futuros hallazgos permitan conocer con mayor precisión su anatomía, comportamiento y papel dentro de estos antiguos ecosistemas.













