La trayectoria profesional de María José Garrido, doctora en Psicología y comandante de la Guardia Civil, muestra cómo esta disciplina transforma la investigación criminal al desafiar estereotipos profundamente arraigados.
La percepción común asocia la delincuencia con comportamientos identificables o con trastornos mentales evidentes. Sin embargo, la experiencia de Garrido muestra lo contrario: muchos de los casos más graves que investigan las autoridades tienen como autores a personas con empleos estables. Familias estructuradas y relaciones sociales convencionales, son personas normoadaptadas que pueden cometer delitos graves.
Estos individuos no muestran señales aparentes que anticipen un acto criminal futuro.
Criminalidad y enfermedad mental: dos caminos distintos
Un aspecto central del análisis de Garrido es la separación entre delincuencia y psicopatía. Según su experiencia profesional, ha encontrado casos de personas que cometieron actos de extrema gravedad sin presentar desconexión de la realidad ni rasgos psicopáticos identificables.
Esta distinción es crucial para entender por qué no todos los homicidas encajan con el perfil del psicópata que muestran las películas y series de televisión.
Los perpetradores de delitos graves pueden ser motivados por factores muy diversos: venganza, lucro, conflictos emocionales o drogas. Ninguno de estos móviles requiere necesariamente de una enfermedad mental preexistente. Garrido sostiene que los perfiles criminales son heterogéneos y que las motivaciones pueden ser muy distintas entre casos.
Esta comprensión permite explicar la diversidad de crímenes sin recurrir automáticamente a una alteración mental como explicación única.
Los factores que pueden llevar a cualquiera al delito
La especialista propone una tesis inquietante: bajo ciertas circunstancias, cualquier persona podría llegar a cruzar la línea y cometer un crimen. Para que esto ocurra, señala, deben confluir varios factores: una oportunidad, una carga emocional elevada y distorsiones en la interpretación de lo que sucede alrededor.
Cuando las ideas irracionales aumentan en frecuencia, duración e intensidad, la persona puede desarrollar pensamientos obsesivos. La ansiedad y el estrés sostenidos pueden distorsionar la interpretación de situaciones cotidianas y favorecer decisiones que, en circunstancias normales, nunca se tomarían.
Señales psicológicas que merecen atención
Garrido enfatiza que la acumulación de variables psicológicas, sociales y circunstanciales debe analizarse como un conjunto de factores de riesgo, no como determinantes de criminalidad. La presencia de ansiedad, estrés y distorsiones cognitivas no condena a una persona al delito, pero requiere un seguimiento cuidadoso cuando estos factores aparecen al mismo tiempo.
Este enfoque clínico permite comprender delitos que, de otro modo, parecerían inexplicables: personas sin antecedentes criminales ni síntomas evidentes de enfermedad mental que cometen actos de gravedad extrema. La investigación criminal moderna debe considerar estos distintos factores psicológicos para construir perfiles más precisos y anticipar riesgos de forma más efectiva.













