Brasil encargó a comienzos del siglo XX un buque de guerra sin precedentes, que terminó como pieza clave en la mayor batalla naval de la Primera Guerra Mundial. La embarcación pasó por tres nombres y dos países antes de ser desmantelada. Brasil impulsó el proyecto para modernizar su Armada frente a rivales regionales como Argentina y Chile.
Lo que debía ser un símbolo de poder naval sudamericano terminó sirviendo a los intereses militares británicos contra Alemania.
Un plan naval ambicioso para Brasil
En 2026 se conmemorarán 110 años de la mayor batalla naval de la Primera Guerra Mundial. Cuando el contraalmirante Belfort Vieira asumió el Ministerio de la Marina en 1912, defendía una modernización cautelosa y descentralizada de la flota brasileña. Su repentina enfermedad, meses después, cambió el rumbo del proyecto.
El almirante Alexandrino, que ya había ocupado el cargo entre 1906 y 1910, tomó el control con una visión mucho más ambiciosa. Bajo su mando, Brasil amplió las capacidades de dos buques que ya se construían en astilleros ingleses siguiendo el diseño del HMS Dreadnought: el Minas Gerais y el São Paulo.
El tercer navío, bautizado Rio de Janeiro, llevaría el proyecto aún más lejos. Tendría 14 cañones de 305 milímetros en tres calibres diferentes y costaría alrededor de 2,7 millones de libras.
Fallas técnicas y una crisis que frenó todo
Marineros brasileños que llegaron a los puertos ingleses detectaron deficiencias en los sistemas de dirección de tiro del navío que no podían corregirse por falta de tiempo. A esa dificultad técnica se sumó una crisis económica que afectaba las finanzas de Brasil.
Ante la imposibilidad de sostener la modernización naval, Alexandrino optó por vender la embarcación. El comprador fue el Imperio Otomano, que rebautizó el buque como Sultán Osmán I en homenaje al fundador de su dinastía.
La confiscación que empujó a una guerra
Como la embarcación se había construido en territorio británico y la guerra contra Alemania era inminente, el Reino Unido no estaba dispuesto a dejarla zarpar hacia territorio otomano. El 2 de agosto de 1914, tropas británicas tomaron por la fuerza el astillero donde estaba el navío.
La tripulación otomana se rindió sin oponer resistencia, y el buque pasó a manos británicas bajo el nombre de HMS Agincourt.
El combate que marcó su historia
En 1916, el HMS Agincourt participó en la Batalla de Jutlandia, el mayor enfrentamiento naval del conflicto, y disparó contra la Flota de Alta Mar de la Marina Imperial alemana. La batalla marcó el momento de mayor protagonismo del buque, que había nacido con otro nombre y otra bandera.
Después de la batalla, el navío permaneció atracado durante años sin volver a entrar en combate. Terminada la guerra, el gobierno británico intentó vendérselo de nuevo a Brasil, pero la operación nunca se concretó.
El Tratado Naval de Washington, que impuso límites al tamaño de las flotas de las potencias vencedoras, definió el destino del buque. En 1922 fue desmantelado y terminó como chatarra en un astillero inglés, después de haber comenzado como una ambición naval brasileña.













