¿Has salido de casa y, pocos minutos después, te has preguntado si cerraste la puerta con llave? ¿O te levantas de la cama para comprobar una vez más que las ventanas están bien cerradas?
Aunque en la mayoría de los casos se trata de un hábito relacionado con la precaución, la ciencia explica que también puede estar vinculado con la forma en que nuestro cerebro procesa la seguridad, la memoria y la ansiedad.
¿Por qué algunas personas necesitan comprobar varias veces?
Los especialistas señalan que volver a revisar una puerta o una ventana puede ser una respuesta normal del cerebro cuando percibe una situación potencialmente importante. El objetivo es reducir la incertidumbre y confirmar que todo está en orden.
Las personas más responsables, meticulosas o preocupadas por la seguridad suelen prestar mayor atención a este tipo de detalles.
Por ello, es habitual que dediquen unos segundos adicionales a comprobar que han apagado los electrodomésticos o que han cerrado correctamente los accesos del hogar.
La relación entre la memoria y la necesidad de comprobar
Diversas investigaciones han demostrado que realizar una acción de manera automática puede dificultar que la recordemos con claridad minutos después. Es decir, es posible haber cerrado la puerta y, aun así, no estar completamente seguros de haberlo hecho.
Esto ocurre porque el cerebro no siempre almacena los recuerdos de las tareas rutinarias con el mismo nivel de atención. Cuando una acción se convierte en un hábito, es más probable que aparezcan dudas posteriores, lo que lleva a algunas personas a verificar nuevamente.
¿Cuándo puede ser una señal de alerta?
Comprobar puertas y ventanas una o dos veces al día suele considerarse un comportamiento normal. Sin embargo, cuando esta necesidad se vuelve repetitiva, genera un elevado nivel de angustia o interfiere con las actividades cotidianas, podría estar relacionada con trastornos de ansiedad o con el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).
En estos casos, la persona puede sentir una necesidad irresistible de revisar varias veces los mismos elementos, incluso cuando sabe racionalmente que ya están cerrados o apagados.
Lo que concluye la ciencia
La ciencia sostiene que revisar una vez más las puertas y ventanas no significa necesariamente que una persona sea excesivamente desconfiada o tenga un problema psicológico. Con frecuencia, es simplemente una manifestación del deseo de sentirse segura y reducir la incertidumbre.
Nuestro cerebro está diseñado para protegernos, y en ocasiones lo hace recordándonos que aquello que consideramos importante merece una segunda comprobación.









