Kazuo Ishiguro, escritor que imaginó mundos marcados por la desigualdad tecnológica, advirtió sobre los peligros de la inteligencia artificial mucho antes de que llegara a los hogares.
Fue en el discurso de aceptación del Nobel de Literatura, pronunciado en 2017, cuando el novelista planteó una idea incómoda: el progreso científico puede ampliar las diferencias entre quienes acceden a él y quienes quedan fuera. Esa reflexión, formulada antes del auge de la inteligencia artificial generativa, anticipó debates que hoy ocupan buena parte de la conversación pública.
El autor japonés-británico vinculó directamente la edición genética con la robótica y los sistemas inteligentes como fuerzas capaces de salvar vidas, pero también de generar sistemas de selección social extremadamente rígidos. Esa misma intervención abrió preguntas sobre qué papel les queda a la literatura y al arte frente a transformaciones tan profundas.
Una advertencia lanzada desde Estocolmo
La Academia Sueca reconoció a Ishiguro por la intensidad emocional de sus novelas y por su manera de retratar lo frágil que resulta el vínculo humano con el entorno.
El escritor, nacido en Nagasaki en 1954 y radicado en el Reino Unido desde niño, ya contaba entonces con una obra sólida, con novelas como Los restos del día y Nunca me abandones.
En su discurso no se limitó a agradecer el premio: usó ese momento para hablar de las tecnologías emergentes como la edición genética CRISPR y los sistemas de inteligencia artificial.
Según señaló en el discurso, esos avances traerían beneficios extraordinarios, pero también riesgos sociales que podrían derivar en meritocracias despiadadas comparables al apartheid, además de un desempleo masivo que alcanzaría incluso a profesionales hoy considerados intocables.
El lugar del escritor frente al cambio
Ishiguro se preguntó qué podía aportar la escritura ante procesos tan difíciles de asimilar para la sociedad. Según planteó en su intervención, la literatura podría servir para añadir matices emocionales a los conflictos y tensiones que surgirían mientras el mundo intenta adaptarse a transformaciones de gran escala.
Esa inquietud sobre el reparto desigual del progreso no se quedó en el discurso: reaparece como tema central en varias de sus novelas. La pregunta de fondo es siempre la misma: quién se beneficia de los avances tecnológicos y quién termina relegado por ellos.
La inteligencia artificial como personaje literario
En Klara y el Sol, novela publicada en 2021, Ishiguro llevó esa preocupación al terreno de la ficción. La protagonista es una amiga artificial que aguarda en una tienda hasta que una familia decide adquirirla para hacerle compañía a una joven.
A través de la mirada de esa inteligencia artificial, la novela examina qué significa realmente ser humano y cómo se construyen los afectos cuando la tecnología se mezcla con el cuidado cotidiano. El relato convierte algo tan íntimo como el acompañamiento familiar en el escenario perfecto para cuestionar los límites entre lo humano y lo artificial.
Vidas subordinadas al bienestar ajeno
Años antes, en 2005, el autor ya había explorado un dilema parecido en Nunca me abandones. Allí, un grupo de jóvenes crece en un internado cuya rutina esconde un destino marcado por las necesidades médicas del resto de la sociedad.
Esa novela y Klara y el Sol permiten leer juntas la advertencia del Nobel y una obsesión que recorre buena parte de su obra: qué pasa cuando unas vidas existen para sostener el bienestar de otras. Los vínculos, los recuerdos y las amistades que construye entre sus personajes hacen que resulte imposible verlos solo como piezas de un sistema mayor.
La obra de Ishiguro sigue planteando preguntas incómodas sobre el presente, mientras la inteligencia artificial avanza a un ritmo que su discurso de 2017 ya parecía anticipar.













