La plataforma George VI, en la Antártida, perdió una masa de hielo de unos 510 kilómetros cuadrados el 13 de enero de 2025. Aquel bloque, bautizado A-84, destapó un tramo de fondo marino que llevaba siglos cubierto por una capa de hielo flotante de alrededor de 150 metros de grosor. Lo que comenzó como un fenómeno glacial terminó por abrir una puerta de estudio que la ciencia no había tenido antes.
Un grupo de científicos de distintos países, que navegaba a bordo del buque R/V Falkor (too) del Schmidt Ocean Institute, cambió sus planes de ruta para no dejar pasar el acceso inédito que se había abierto en el mar de Bellingshausen. El 25 de enero, apenas dos semanas después del desprendimiento, los investigadores llegaron al lugar y desplegaron el vehículo robótico ROV SuBastian.
Durante ocho días, el robot descendió hasta unos 1.300 metros de profundidad para mapear un territorio virgen.
Vida abundante bajo el hielo milenario
Nadie esperaba encontrar lo que las cámaras del SuBastian capturaron: corales de gran tamaño, esponjas gigantes y numerosas especies de peces de hielo conviviendo con arañas de mar colosales y varios pulpos. La densidad y variedad de organismos superaron todas las predicciones.
Patricia Esquete, codirectora científica de la expedición e investigadora de la Universidad de Aveiro. Explicó a la prensa que el equipo no esperaba encontrar un ecosistema tan hermoso y próspero tras siglos de aislamiento total.
El tamaño de los animales documentados revela algo crucial: esas comunidades llevan establecidas décadas o incluso cientos de años en las profundidades. Vivieron durante todo ese tiempo sin acceso directo a la superficie, lo que plantea un interrogante fundamental para la biología marina. ¿Cómo sobreviven los organismos en las profundidades cuando la superficie está completamente bloqueada?
Las corrientes oceánicas podrían ser el puente de nutrientes que sustenta esa vida oculta, aunque el mecanismo exacto aún no se comprende del todo.
Una criatura nunca vista con vida
Entre los hallazgos más llamativos se cuenta el registro de un calamar glacial de cristal (Galiteuthis glacialis), un animal de cuerpo translúcido que los científicos catalogaron hace más de cien años, aunque hasta ahora nadie había logrado grabarlo con vida en su propio hábitat.
La identificación fue confirmada más tarde por Aaron Evans y Kat Bolstad, especialistas en cefalópodos, tras revisar el material audiovisual captado en ese sector apartado del mar de Bellingshausen, oculto bajo el hielo antártico durante siglos.
Según expertos en el tema, el ejemplar alcanza aproximadamente siete metros de largo y pesa alrededor de 500 kilogramos, características que ilustran la magnitud de la vida en esas profundidades.
La expedición no solo documentó fauna desconocida. Los investigadores recolectaron muestras biológicas y geológicas mientras desplegaban planeadores submarinos autónomos para analizar cómo el agua de deshielo modifica las propiedades físicas y químicas de la región. Los datos preliminares revelan una elevada productividad biológica y un fuerte flujo de agua procedente de la plataforma de hielo que se desmorona.
Esta información ayudará a entender la evolución de la capa de hielo antártica y cómo su pérdida de masa acelera el aumento mundial del nivel del mar. El desprendimiento del iceberg A-84 transformó una amenaza glacial en una oportunidad científica excepcional.
Por primera vez, los investigadores accedieron a un fondo marino prácticamente intacto y comprobaron que la vida se desarrolló durante siglos bajo cientos de metros de hielo. En completo aislamiento y lejos de cualquier observación humana, e el desprendimiento permitió que ese ecosistema saliera a la luz.
¿Cómo sobreviven los animales sin acceso a la superficie?
Los organismos bajo el hielo antártico no dependen directamente de lo que cae desde arriba. Según los investigadores, las corrientes oceánicas actúan como un sistema de transporte de nutrientes que llega hasta el fondo marino, alimentando a corales, esponjas y peces incluso cuando una barrera de 150 metros de hielo los aísla completamente del resto del océano.
Aunque el mecanismo exacto aún no se comprende del todo, esta circulación de agua es lo que permitió que comunidades enteras prosperaran durante siglos en la oscuridad.
La pérdida de hielo antártico como ventana científica
El desprendimiento del iceberg A-84 formó parte de un proceso más amplio de cambio en la Antártida. La expedición del R/V Falkor aprovechó la ruptura para recolectar muestras biológicas y geológicas, además de medir cómo el agua de deshielo modifica las propiedades químicas y físicas del océano.













