Las pirámides de Egipto continúan siendo objeto de investigaciones arqueológicas. En 2025, un estudio basado en imágenes de radar y otros métodos geofísicos señaló la posible presencia de estructuras subterráneas cerca de la Gran Pirámide de Guiza y la pirámide de Micerino.
Los resultados despertaron interés por la posibilidad de que existan espacios aún no explorados en las proximidades de estos monumentos.
Posibles estructuras bajo la arena de Guiza
En el Cementerio Occidental de Guiza, cerca de la Gran Pirámide, los investigadores identificaron una anomalía con forma de L que podría corresponder a una estructura enterrada. Para analizar el terreno, utilizaron técnicas geofísicas capaces de detectar variaciones en las propiedades del subsuelo.
Los resultados también apuntaron a la posible presencia de cavidades y accesos subterráneos. No obstante, estas señales no permiten establecer por sí solas si se trata de cámaras, pasadizos o otras formaciones. Se necesitan nuevas investigaciones para determinar su origen y características.
Tecnologías para explorar el subsuelo
El radar de penetración terrestre y la tomografía de resistividad eléctrica permiten estudiar el subsuelo sin recurrir inicialmente a excavaciones. Ambas técnicas ofrecen información complementaria sobre las características físicas del terreno.
El radar emite ondas electromagnéticas y registra las señales reflejadas por los materiales subterráneos. Por su parte, la tomografía de resistividad eléctrica mide cómo se distribuye la resistencia al paso de la corriente eléctrica en el terreno. Las variaciones registradas pueden ayudar a identificar posibles cavidades y cambios en la composición del subsuelo.
Qué podrían aportar los nuevos hallazgos
Si futuras investigaciones confirman la presencia de construcciones subterráneas, su estudio podría aportar información sobre la organización del espacio en Guiza y las actividades desarrolladas en sus alrededores. También podría ayudar a comprender mejor el uso de determinadas áreas del complejo arqueológico.
Por el momento, la naturaleza y la función de las anomalías detectadas siguen sin estar claras. Los análisis posteriores deberán determinar si corresponden a construcciones antiguas o a otras características del terreno.
Así, la combinación de tecnologías geofísicas y métodos arqueológicos tradicionales ofrece nuevas posibilidades para estudiar los monumentos egipcios.













