Las adolescentes estadounidenses de entre 15 y 17 años presentan una mayor prevalencia de consumo habitual de cigarrillos electrónicos que los chicos de la misma edad, según cifras de 2024.
Los datos reflejan un cambio en las diferencias por sexo en el uso de estos dispositivos y plantean interrogantes sobre los factores que influyen en su consumo.
Ese año, el 7,8 % de las chicas de ese grupo etario utilizaba cigarrillos electrónicos de forma habitual, frente al 4,6 % de los chicos. La diferencia ha despertado el interés de investigadores y profesionales de la salud pública por la evolución del consumo de nicotina entre los adolescentes.
Un cambio en las tendencias de consumo
Las diferencias en el uso de cigarrillos electrónicos entre chicos y chicas comenzaron a cambiar alrededor de 2021, según los datos.
Mientras que anteriormente los chicos registraban tasas más elevadas, las cifras posteriores muestran una mayor prevalencia entre las chicas de 15 a 17 años.
¿Por qué vapean los adolescentes?
Diversos factores podrían influir en el consumo de cigarrillos electrónicos durante la adolescencia, entre ellos la presión social, la percepción de que estos productos son menos perjudiciales que los cigarrillos convencionales y la variedad de sabores disponibles. El diseño de los dispositivos y las estrategias de comercialización también pueden influir en su atractivo.
Aunque los cigarrillos electrónicos suelen percibirse como una alternativa menos dañina al tabaco tradicional, no están exentos de riesgos. Muchos contienen nicotina, una sustancia adictiva que puede afectar al desarrollo cerebral durante la adolescencia.

Qué muestran los estudios sobre el vapeo
Las cifras mencionadas proceden de la Encuesta de Evaluación de la Población sobre Tabaco y Salud (Population Assessment of Tobacco and Health Study), una investigación estadounidense que analiza los patrones de consumo de productos de tabaco y nicotina.
La evolución del vapeo entre adolescentes pone de relieve la importancia de seguir de cerca los patrones de consumo y reforzar la prevención. La información basada en datos y la educación sobre los riesgos de la nicotina pueden ayudar a las familias y a los profesionales de la salud a abordar esta cuestión.













