Casi nadie imaginaría que un animal pueda funcionar con tres bombas circulatorias en lugar de una sola, pero esa es la realidad de este habitante marino. El cuerpo del cefalópodo distribuye el oxígeno mediante tres órganos distintos, y la sangre que recorre ese circuito tiene un tono azulado poco común.
Ninguna de las dos particularidades es un simple dato curioso: ambas forman parte del mismo sistema que lleva oxígeno desde las branquias hasta el resto de los tejidos. Entender ese mecanismo ayuda a comprender cómo este animal se mueve y sobrevive bajo el agua.
Qué hace cada corazón del animal
Dos de los órganos, llamados branquiales, empujan la sangre hacia las branquias, donde ocurre el intercambio de gases con el agua. El tercero, de tipo sistémico, se encarga de repartir esa sangre ya oxigenada por el resto del cuerpo.
No se trata de tres bombas separadas que trabajan cada una para un conjunto de tentáculos, sino de funciones distintas dentro de un mismo circuito continuo. En el ser humano, en cambio, un único órgano con varias cámaras cumple ambas tareas: enviar la sangre a los pulmones y luego distribuirla por el cuerpo.
El motivo detrás del color azul
La sangre de este molusco transporta oxígeno gracias a una proteína llamada hemocianina, que contiene cobre. Cuando esa proteína se une al oxígeno, puede darle a la sangre una tonalidad azulada.
En las personas, el trabajo equivalente lo hace la hemoglobina, una molécula basada en hierro que produce el tono rojo conocido. El color no tiene relación con la fuerza o la inteligencia del animal: solo refleja una diferencia química en la forma de transportar oxígeno por el organismo.
Tres corazones no significan resistencia infinita
La existencia de tantos órganos circulatorios suele convertirse en una frase llamativa sobre una supuesta resistencia sin límites. Ese planteamiento olvida que el animal necesita obtener oxígeno del agua, y que el movimiento, la temperatura y las condiciones del entorno afectan directamente su gasto de energía.
Una anatomía poco común no elimina los límites fisiológicos propios de cualquier ser vivo. Nadar de forma activa puede exigir bastante energía, ya que el desplazamiento combina el uso de los brazos con la propulsión de agua a través del sifón.
En descripciones de su fisiología suele mencionarse que el corazón sistémico reduce su ritmo, o incluso se detiene brevemente, durante el nado activo en determinadas condiciones.
Una vida que no depende solo de nadar
Buena parte de la existencia de varias especies transcurre cerca del fondo marino, explorando grietas y superficies en busca de refugio o alimento. El comportamiento cambia según la especie y la situación: escapar de un depredador no exige el mismo esfuerzo que recorrer un escondite con calma.
Los tres corazones permiten una circulación eficiente para sostener ese cuerpo particular, pero no imponen una única forma de desplazarse. Un video compartido en el canal de YouTube de Lawrence Wahba muestra la diversidad de los cefalópodos y repasa varias características corporales de estos animales.
El color azul no es exclusivo de esta especie
Distintos grupos de animales recurren a pigmentos respiratorios diferentes, y la variación es amplia incluso entre los propios invertebrados. Calamares y otros cefalópodes comparten rasgos circulatorios similares con este molusco, aunque eso no significa que todos los invertebrados funcionen igual.
La química detrás de estos pigmentos varía según la especie, y cada una desarrolló una solución propia al mismo problema de transportar oxígeno: algunos grupos usan hemocianina con cobre, mientras que los mamíferos emplean hemoglobina con hierro.













