Una cámara sumergida a 710 metros de profundidad en el océano Atlántico captó a un pez de cabeza transparente deslizándose entre la penumbra absoluta del fondo marino, un animal que pocos habían visto con vida.
Una expedición del Schmidt Ocean Institute hizo el hallazgo con el vehículo operado a distancia SuBastian, utilizado para explorar una zona donde el Sol ya no llega. El animal pertenece a la especie Winteria telescopa, un pez de ojos tubulares cuya cabeza parcialmente translúcida permite ver parte de su interior.
Nunca antes se había filmado a un ejemplar de esta especie nadando libremente en su propio hábitat, un registro que cambia por completo lo que se sabía sobre su comportamiento.
Un cráneo diseñado para la oscuridad total
Gran parte de lo que se sabía hasta entonces sobre este pez provenía de ejemplares atrapados accidentalmente en redes de pesca industrial. Las redes suelen dañar los tejidos frágiles antes de que el cuerpo llegue a la superficie, lo que distorsiona o elimina los detalles finos de su anatomía.
La grabación permite observar en movimiento la posición de sus ojos, dispuestos en paralelo al cuerpo, una característica propia del grupo de peces de ojos de barril.
La piel translúcida que cubre parte del cráneo le permiten captar destellos mínimos de luz o señales bioluminiscentes generadas por otros seres en ese entorno oscuro.
Cómo caza un animal casi ciego de luz natural
La boca de este ejemplar es pequeña, algo compatible con una alimentación basada en presas pequeñas como crustáceos y sifonóforos. Estos organismos habitan las mismas capas profundas y también dependen de mecanismos poco convencionales para sobrevivir sin luz solar directa.
Según los datos recogidos durante la campaña, esta especie puede habitar entre los 400 y los 2.500 metros bajo la superficie. Por tanto, puede llegar a profundidades donde la oscuridad es prácticamente total durante todo el año, muy por debajo de los 710 metros donde se grabó al animal.
Más hallazgos bajo la zona de fractura de Doldrums
El registro se produjo durante una campaña centrada en la zona de fractura de Doldrums, situada a 1.290 kilómetros de la costa noreste de Brasil. Durante la misma campaña, el equipo también filmó dos ejemplares del género Magnapinna, conocidos como calamares de aletas grandes, que destacan por sus tentáculos extremadamente finos, capaces de alcanzar ocho metros de longitud.
La misión duró 35 días y el equipo cartografió cerca de 147 kilómetros cuadrados del lecho marino con una resolución de un metro. Durante ese tiempo, los científicos también localizaron dos nuevos campos de fuentes hidrotermales y reunieron información sobre cómo circulan los fluidos a través de la corteza terrestre.
Entre los hallazgos de la travesía, la imagen del pez de cabeza transparente nadando en libertad sigue siendo la que más llama la atención de los investigadores. Se trata del primer registro del animal vivo y en movimiento dentro de su propio entorno.













