El alcatraz puede lanzarse al agua a gran velocidad para capturar peces sin sufrir necesariamente lesiones graves por el impacto.
Una investigación de la Universidad de Washington analizó la estructura de sus vértebras cervicales para comprender cómo la anatomía de estas aves se relaciona con sus zambullidas.
La anatomía del alcatraz durante la zambullida
Los alcatraces son aves marinas que se lanzan desde el aire para capturar presas bajo la superficie del agua. Durante estas maniobras, sus cuerpos deben soportar fuerzas considerables al entrar en contacto con el agua.
Una de las características estudiadas es la estructura de sus vértebras cervicales. Su forma y sus dimensiones pueden contribuir a soportar las cargas mecánicas asociadas a la zambullida. Estas adaptaciones forman parte de un conjunto de características anatómicas que permiten a las aves realizar esta actividad.

Un estudio basado en modelos tridimensionales
Para investigar estas características, los científicos examinaron 15 esqueletos adultos de alcatraces mediante tomografía computarizada de alta resolución, conocida como micro-CT. Esta técnica permitió obtener imágenes detalladas de las vértebras y construir modelos tridimensionales de la estructura ósea del cuello.

A partir de estos modelos, los investigadores midieron distintas dimensiones de las vértebras para estudiar su forma y sus posibles implicaciones biomecánicas. El análisis ayuda a comprender cómo la anatomía del alcatraz está relacionada con las exigencias físicas de sus hábitos alimentarios.
Qué revela este caso sobre la evolución de las aves
La estructura del cuello del alcatraz ofrece información sobre las adaptaciones anatómicas asociadas a la captura de presas mediante zambullidas. Otras aves acuáticas, como el martinete y la anhinga, presentan características y estrategias diferentes para alimentarse, lo que refleja la diversidad de adaptaciones desarrolladas por las aves.
El estudio de estos mecanismos también permite explorar cómo la forma de los huesos influye en la resistencia a las fuerzas mecánicas. Sin embargo, para determinar con precisión cómo se distribuye y se absorbe el impacto durante una zambullida, es necesario considerar no solo la estructura ósea, sino también otros tejidos y las condiciones del movimiento.
La investigación muestra cómo las herramientas de imagen médica pueden contribuir al estudio de la biomecánica animal y aportar nuevos datos sobre la relación entre la anatomía y el comportamiento.













