Tomar café recién preparado puede ser más peligroso de lo que muchos suponen. Un nuevo estudio publicado en el International Journal of Cancer halló que quienes prefieren bebidas muy calientes tienen alrededor de tres veces más probabilidades de desarrollar carcinoma de células escamosas de esófago. Un tumor específico de ese órgano.
La investigación analizó datos de 977.282 adultos del Reino Unido durante más de diez años y comparó a quienes preferían líquidos tibios con quienes los tomaban hirviendo. La asociación no se repitió con el adenocarcinoma, otro tumor frecuente en la misma zona del cuerpo.
Lo que ya se sabía desde hace una década
En 2016, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, vinculada a la Organización Mundial de la Salud, evaluó toda la evidencia disponible sobre el consumo de café y concluyó que la infusión por sí sola no presenta pruebas concluyentes de provocar tumores.
El dato relevante fue otro: ingerir líquidos por encima de 65 grados centígrados probablemente eleva el peligro de ese tumor específico del esófago.
Según esa evaluación de hace una década, lo que realmente importa no es si se trata de café, té o mate. Un té o cualquier otra bebida consumida hirviendo pueden representar el mismo peligro que una taza recién colada, y la temperatura, no la receta, es lo determinante.
Por qué el calor extremo irrita los tejidos
El contacto repetido con bebidas muy calientes puede generar pequeñas heridas en la mucosa que recubre el esófago. Con el paso de los años, ese ciclo constante de daño y reparación favorecería cambios en las células de la región. Este mecanismo explica la asociación observada en los últimos estudios sobre esta conexión.
Sin embargo, estos hallazgos deben leerse con cautela. Una sola taza hirviendo no desencadena la enfermedad, y el nuevo trabajo tampoco permite afirmar una relación de causa y efecto en cada persona. Lo que confirma es algo que ya se insinuaba hace diez años: cuando se habla del riesgo de cáncer esofágico, el termómetro parece ser lo decisivo.
No es necesario abandonar el café, el té u otras bebidas favoritas. Basta esperar algunos instantes antes de beber cuando estén muy calientes. Una pausa breve es suficiente para que la temperatura descienda a niveles seguros.
Por qué el alcohol deja «cicatrices» en las células del esófago
Cuando se bebe alcohol, el cuerpo lo transforma en una sustancia llamada acetaldehído, que es tóxica. Esta sustancia causa mutaciones en un gen llamado TP53, conocido como el «guardián del genoma» porque protege el ADN y evita que otras células muten.
Una vez que el acetaldehído daña este gen protector, el gen pierde su capacidad de vigilancia y el cáncer puede desarrollarse.
El problema se agrava con el consumo excesivo y crónico de alcohol: la alta concentración de acetaldehído en el cuerpo actúa como un potente cancerígeno. Esto explica por qué entre los pacientes con cáncer de esófago en Brasil hay hombres que consumen regularmente grandes cantidades de bebidas alcohólicas.













