El telescopio espacial SPHEREx identificó moléculas en 37 objetos celestes que no son estrellas ni planetas convencionales. Los modelos actuales todavía no logran explicar completamente sus complejas nubes.
El universo continúa sorprendiendo a los astrónomos. El telescopio espacial SPHEREx, de la NASA, ha permitido estudiar con mayor detalle las atmósferas de las enanas marrones, cuerpos celestes que comparten características con las estrellas y los planetas gigantes. Las observaciones revelaron señales de agua, metano, dióxido de carbono y monóxido de carbono, pero también evidenciaron limitaciones en las herramientas informáticas utilizadas para explicar su comportamiento.
El estudio, cuyos resultados fueron difundidos por la NASA el 8 de octubre de 2026, analizó 37 enanas marrones relativamente cercanas a la Tierra. Los hallazgos fueron publicados en la revista científica The Astrophysical Journal.
¿Qué son las enanas marrones?
Estos objetos se forman a partir de nubes de gas que colapsan por efecto de la gravedad, como ocurre con las estrellas. Sin embargo, no acumulan suficiente masa para mantener la fusión del hidrógeno en sus núcleos, el proceso que alimenta a estrellas como nuestro Sol.
Algunas enanas marrones flotan libremente por el espacio, sin orbitar una estrella. Su temperatura disminuye gradualmente con el tiempo y su atmósfera experimenta transformaciones químicas y cambios en sus nubes.
Un telescopio que observa 102 colores
Lanzado en marzo de 2025, SPHEREx registra la luz en 102 bandas espectrales, incluidas longitudes de onda infrarrojas invisibles para el ojo humano. Esta capacidad permite identificar moléculas mediante las huellas específicas que dejan en la luz.
Las 37 enanas marrones estudiadas abarcan temperaturas aproximadas de entre 2.200 y -20 grados Celsius. Los investigadores observaron que, conforme estos cuerpos se enfrían, el metano adquiere mayor protagonismo, mientras disminuyen las señales de monóxido y dióxido de carbono.
El misterio de las nubes
Aunque cinco conjuntos de modelos informáticos reprodujeron las tendencias químicas generales, ninguno explicó satisfactoriamente todos los espectros observados. Las mayores dificultades aparecieron en objetos cuyas nubes comienzan a disiparse y sus atmósferas atraviesan cambios importantes.
Este problema importa porque los astrónomos utilizan esos modelos para estimar características como la temperatura, el tamaño y la masa de estos cuerpos.
La misión continuará cartografiando el cielo y recopilando datos de miles de enanas marrones. Cada nueva observación ayudará a determinar si las diferencias detectadas responden principalmente a sus nubes, a procesos químicos todavía poco comprendidos o a limitaciones de los modelos actuales.













