El lagarto basilisco es conocido por una habilidad poco común: recorrer la superficie del agua durante unos segundos sin hundirse.
Esta característica, que le ha valido el apodo de «lagarto Jesucristo», ha despertado el interés de científicos y aficionados a la naturaleza por la combinación de anatomía y física que la hace posible.
Este reptil habita principalmente en las selvas tropicales de América Central, donde puede encontrarse en países como Costa Rica, Panamá, Nicaragua y Honduras.
Su capacidad para desplazarse sobre el agua le permite escapar rápidamente de depredadores antes de sumergirse o alcanzar la orilla.
¿Cómo logra correr sobre el agua?
La explicación se encuentra en la estructura de sus patas traseras y en la velocidad de sus movimientos. El basilisco posee patas largas y fuertes, con dedos provistos de pequeños pliegues de piel que se despliegan al entrar en contacto con el agua.
Esta superficie adicional aumenta el área de apoyo y ayuda a generar la fuerza necesaria para mantener al animal sobre la superficie durante un breve periodo.
Al mismo tiempo, el lagarto mueve las patas a gran velocidad, dando varios pasos por segundo. Si disminuye el ritmo, deja de generar el impulso suficiente y termina hundiéndose para continuar desplazándose a nado.
La física detrás del fenómeno
Lejos de desafiar las leyes de la física, el desplazamiento del basilisco es posible gracias a ellas. Cada pisada ejerce una fuerza sobre el agua que, combinada con la rapidez del movimiento y la forma de las patas, permite sostener temporalmente el peso del animal.
Esta habilidad solo puede mantenerse durante unos pocos metros y es más eficaz en ejemplares jóvenes, que tienen un menor peso corporal.
Un modelo para la investigación científica
La forma en que el basilisco se desplaza ha despertado el interés de investigadores en campos como la biomecánica, la robótica y la ingeniería biomimética.
Comprender cómo este reptil aprovecha su anatomía para interactuar con el agua puede aportar información útil para el desarrollo de nuevas tecnologías inspiradas en la naturaleza.
Gracias a esta adaptación, el lagarto basilisco se ha convertido en uno de los ejemplos más llamativos de cómo la evolución puede dar lugar a estrategias de supervivencia altamente especializadas.









