Investigadores internacionais propõem buscar fragmentos microscópicos de tecnologia alienígena depositados no solo lunar ao longo de bilhões de anos. El planteamiento aparece en un estudio que está en proceso de revisión por pares para la revista International Journal of Astrobiology, liderado por Lewis Pinault, del Instituto SETI y del Birkbeck College de la Universidad de Londres.
La hipótesis parte de una deducción: si existieron civilizaciones tecnológicamente avanzadas en la galaxia. Sus restos erosionados por el paso del tiempo habrían viajado por el espacio y algunas partículas podrían haber quedado en la Luna.
Ese polvo cósmico de origen alienígena podría ayudar a responder una de las preguntas más profundas de la humanidad: si estamos solos en el universo.
Cómo la tecnología alienígena se convierte en polvo
La erosión cósmica actuaría sobre estructuras hipotéticas de civilizaciones avanzadas —naves gigantescas, minas planetarias y sistemas de captura de energía estelar— hasta reducirlas a partículas diminutas dispersas por la galaxia. Pinault y sus colegas modelaron este proceso de desintegración y la forma en que esos fragmentos se propagarían por el sistema solar durante milenios.
Un mecanismo similar ya ocurre en la Tierra: los satélites liberan material microscópico de forma constante en el espacio orbital. Sofia Sheikh, especialista en tecnofirmas del Instituto SETI, dijo a Folha de S.Paulo que la propuesta es una línea de investigación creativa y válida. También destacó que el desgaste y la entropía afectan toda tecnología, incluida la de civilizaciones extintas.
La Luna como archivo de artefactos extraterrestres
La idea no es enteramente nueva, y en la década de 1990, el investigador ucraniano Alexey V. Arkhipov propuso que la Luna funcionara como un depósito natural de artefactos de origen extraterrestre. El equipo actual rinde homenaje a Arkhipov al llamar «partículas de Arkhipov» a estos granos hipotéticos.
Los científicos también consideraron la posibilidad de máquinas microscópicas enviadas deliberadamente por alienígenas para tareas de vigilancia o misiones activas. Las denominaron «partículas de Bracewell», en referencia al físico Ronald Bracewell, quien en los años sesenta propuso el concepto de sondas autónomas interestelares.
Ian Crawford, catedrático de ciencia planetaria en el Birkbeck College y coautor del estudio. Dijo que, si buscar inteligencias alienígenas es una actividad científica legítima, buscar los productos tecnológicos de esas inteligencias debería ser tan válido como buscar sus emisiones de radio.
El desafío práctico de la búsqueda
Para poner a prueba la hipótesis, los investigadores plantean enviar una misión que penetre en aproximadamente 1 metro cúbico de suelo lunar como punto de partida. Instrumentos especializados buscarían partículas artificiales, posiblemente mediante la detección de metales y sustancias manufacturadas que revelen un origen no natural.
Pinault ya ha desarrollado modelos para localizar objetos mayores en la Luna, como los restos del módulo soviético Luna 9 aún no localizados. Esos mismos modelos podrían adaptarse para detectar granos minúsculos de posible origen artificial.
El interés renovado por la Luna se intensifica con el programa Artemis de la NASA. Artemis II está prevista oficialmente para abril de 2026, aunque la agencia trabaja para anticipar el lanzamiento a febrero.
El sobrevuelo lunar se realizará a una altitud mucho mayor que la de las misiones Apolo, entre 6 mil y 10 mil kilómetros. La tripulación podría superar el récord de distancia de la Apollo 13.
Las probabilidades y el impacto potencial
Crawford reconoce que localizar incluso una única firma alienígena en polvo lunar es «improbable». Sin embargo, si se hallara una partícula genuinamente extraterrestre —confirmada como tal y descartada toda contaminación humana—, el hallazgo resolvería el enigma sobre la existencia de vida más allá de la Tierra.
La probabilidad es tan ínfima que, si ocurriera, el hallazgo implicaría que deberían existir muchas más partículas dispersas a lo largo de la historia galáctica. Jason Wright, profesor de astronomía y astrofísica de la Universidad Estatal de Pensilvania e investigador del SETI.
Dijo a Folha de S.Paulo que el estudio preliminar es impresionante y extremadamente minucioso, y que su enfoque merece ser puesto a prueba. Wright señaló que el equipo rescató una idea oscura y mostró que es plausible.
Crawford advirtió, en una entrevista con Folha de S.Paulo, que sería como buscar una aguja en un pajar. Aun así, el hallazgo tendría una importancia extraordinaria si llegara a concretarse.













