Una calle de 183 metros en Fullerton Air Industrial Park, en California, se convirtió en 1970 en el escenario de una prueba poco común: pavimentar con botellas trituradas en lugar de los materiales habituales. El tránsito constante de camiones en esa zona industrial ofrecía el escenario perfecto para medir si el material reciclado resistía el uso diario.
Dos años después, una evaluación recopilada por la EPA confirmó que el tramo seguía en buen estado. El hallazgo probó que aquel residuo doméstico, molido y mezclado con otros componentes, podía reemplazar insumos convencionales sin perder resistencia frente al tráfico constante.
Cómo nació la mezcla experimental
El experimento nació con un objetivo central: evaluar si la basura urbana podría reemplazar recursos convencionales en la construcción vial. El material provino de botellas no retornables que los vecinos de la zona descartaban a diario. Tras un proceso de limpieza y trituración mecánica, el insumo quedó listo para integrarse a la planta asfáltica. La iniciativa buscaba reducir la dependencia de agregados minerales tradicionales y disminuir la explotación continua de canteras.
La fórmula combinó 63 por ciento de material molido con 36 por ciento de polvo de roca para lograr una base firme. Se sumó, además, 1 por ciento de cal hidratada, que aportó la adherencia necesaria a la mezcla asfáltica conocida técnicamente como glasphalt.
El tramo de prueba y su diseño
Los responsables delimitaron una franja de 600 pies —equivalentes a 183 metros— con 40 pies de ancho. Sobre buena parte del recorrido se aplicó una capa de 7,6 centímetros del compuesto reciclado conocido técnicamente como glasphalt, pensada para soportar el paso constante de vehículos.
Treinta pies del ancho total llevaron la mezcla innovadora; los diez pies restantes conservaron el pavimento tradicional como punto de comparación. Esa división en un mismo carril permitió observar, lado a lado, cómo envejecía cada superficie bajo idéntico volumen de tránsito comercial.
Lo que mostró la revisión de la EPA
Tras dos años de uso ininterrumpido, el informe oficial confirmó que la estructura resistía sin mayores complicaciones. El desgaste detectado fue mínimo y se concentró en zonas puntuales, lejos de representar un fallo generalizado del compuesto.
Las fisuras localizadas se atribuyeron a problemas en la base inferior del camino, no al agregado reciclado en sí. Esa distinción eximió al material innovador de responsabilidad directa en el desgaste observado durante la revisión técnica.
Un antecedente para la pavimentación actual
El ensayo de Fullerton quedó como referencia temprana de que un residuo urbano común puede volverse infraestructura duradera. La combinación de botellas molidas, polvo de roca y cal hidratada demostró que el asfalto no depende únicamente de agregados minerales extraídos de canteras.
Ese tramo de 183 metros, dividido entre mezcla convencional y compuesto experimental, sigue siendo un caso de referencia sobre el aprovechamiento de material descartado en obra vial.













