Las recientes observaciones realizadas con el Telescopio Espacial James Webb están aportando nuevos datos sobre las colisiones cósmicas que pueden desempeñar un papel importante en la formación y evolución de los sistemas planetarios.
Entre estos procesos se encuentra el tipo de impacto que, según la hipótesis más aceptada, habría dado origen a la Luna. Hace unos 4.500 millones de años, un cuerpo celeste de tamaño similar al de Marte habría chocado con la Tierra primitiva. Los restos expulsados tras la colisión terminaron formando nuestro satélite natural.
Aunque este acontecimiento ocurrió en los primeros tiempos del sistema solar, los astrónomos pueden estudiar fenómenos similares al observar sistemas planetarios jóvenes.
El origen de la Luna y las colisiones planetarias
La hipótesis del gran impacto sostiene que una colisión entre la Tierra primitiva y otro cuerpo planetario produjo una gran cantidad de material alrededor de nuestro planeta. Con el tiempo, esos restos se agruparon hasta formar la Luna.
El estudio de colisiones similares en otros sistemas permite analizar cómo estos acontecimientos pueden influir en la evolución de los planetas.
Un equipo liderado por investigadores del Space Science Institute estudió 21 sistemas que presentan discos de polvo especialmente intensos, conocidos como discos de escombros extremos.
El James Webb y las nuevas observaciones
Para investigar estos sistemas, los científicos utilizaron observaciones del Telescopio Espacial James Webb y datos procedentes del archivo del telescopio espacial Spitzer, que dejó de operar en 2020.
En total, pudieron analizar con mayor detalle 16 de los sistemas seleccionados. Las observaciones en el infrarrojo permitieron estudiar la distribución y las características del polvo presente alrededor de estas estrellas.
Los discos de escombros son estructuras formadas por material que queda después de colisiones entre cuerpos sólidos. En algunos sistemas, la cantidad de polvo y su temperatura pueden indicar que se produjeron acontecimientos relativamente recientes a escala astronómica.
Qué revelan los discos de escombros extremos
Los investigadores observaron características particulares en estos discos, entre ellas una elevada cantidad de polvo cálido y partículas pequeñas. Su intensa emisión en el infrarrojo puede estar relacionada con procesos de colisión que generan grandes cantidades de material.
El estudio de estos sistemas ofrece una oportunidad para comprender mejor las etapas en las que los cuerpos rocosos se forman, chocan y evolucionan alrededor de estrellas jóvenes.
Sin embargo, estas observaciones no constituyen una prueba directa de cómo se formó la Luna. Su importancia está en que permiten estudiar, en otros sistemas planetarios, procesos que podrían ser comparables a los que ocurrieron durante la formación del sistema solar.
La investigación ayuda así a reconstruir algunos de los procesos que dieron forma a los planetas rocosos y a comprender mejor la evolución de los sistemas planetarios en sus primeras etapas.













