Un hallazgo ha llevado a algunos científicos a plantear la posible existencia de un planeta desaparecido del Sistema Solar en sus primeras etapas de formación. La hipótesis surge a partir del análisis de un meteorito encontrado en el desierto del Sahara en 2019.
Según los investigadores, sus características sugieren que podría haberse originado en un cuerpo celeste de gran tamaño, potencialmente comparable en dimensiones entre la Luna y Marte.
Un meteorito poco común
El fragmento pertenece a la rara familia de las angritas, un tipo de meteoritos volcánicos considerados entre los materiales más antiguos del Sistema Solar.
Estas rocas espaciales son especialmente valiosas para la ciencia, ya que conservan información sobre las primeras fases de formación planetaria.
Sin embargo, la composición de este ejemplar en particular no encaja con la de asteroides pequeños conocidos, lo que ha alimentado nuevas interpretaciones sobre su origen.
Evidencias bajo alta presión
Uno de los aspectos más relevantes del estudio se encuentra en los cristales microscópicos presentes en el meteorito.
Estos contienen minerales ricos en aluminio que solo pueden formarse bajo condiciones de presión extrema, propias de cuerpos celestes de gran tamaño.
Este dato sugiere que el material no se originó en la superficie de un asteroide pequeño, sino en zonas profundas de un objeto mucho mayor.
Una posible pieza perdida del Sistema Solar
Aunque las angritas suelen presentar baja concentración de sílice, las propiedades de este meteorito indican un entorno de formación más complejo de lo que se pensaba hasta ahora.
Este hallazgo amplía las hipótesis sobre la existencia de protoplanetas que pudieron haberse formado y posteriormente fragmentado o desaparecido durante la evolución temprana del Sistema Solar.
El descubrimiento ha generado interés en la comunidad científica, que busca confirmar las condiciones exactas en las que se formaron estos cristales y determinar si realmente provienen de un cuerpo planetario extinto.
De confirmarse, este tipo de evidencias podría aportar nuevas claves sobre la dinámica primitiva del Sistema Solar y los procesos que dieron lugar a los planetas que conocemos hoy.









