La sensación de que el tiempo pasa más rápido a medida que envejecemos es común y ha sido estudiada por la ciencia durante años. Una nueva investigación aporta pistas sobre los mecanismos que podrían estar detrás de esta percepción.
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad Sapienza de Roma y otras instituciones, analizó la relación entre la percepción del paso del tiempo, la memoria autobiográfica y el funcionamiento cognitivo.
¿Cómo percibimos el paso del tiempo?
La investigación contó con 120 participantes de entre 20 y 91 años, procedentes de Italia y países de habla alemana. Los voluntarios evaluaron qué tan rápido sentían que habían pasado los últimos diez años y proporcionaron información sobre sus recuerdos de ese período. También fueron sometidos a pruebas para evaluar diferentes funciones cognitivas.
Los resultados confirmaron que las personas mayores tienden a percibir los últimos diez años como un período que pasó más rápido.
Sin embargo, esta sensación no estuvo relacionada con la cantidad ni con la importancia subjetiva de sus recuerdos autobiográficos.
El papel de la memoria
Uno de los hallazgos más relevantes fue que los adultos mayores no necesariamente tienen recuerdos menos vívidos o significativos. De hecho, los participantes de mayor edad describieron sus recuerdos como más vívidos y relevantes que los participantes más jóvenes.
En cambio, los investigadores encontraron una relación entre la percepción acelerada del tiempo y una menor capacidad para formar nuevos recuerdos.
Las personas mayores con un desempeño cognitivo más bajo, especialmente en tareas de memoria diferida, tendían a sentir que la última década había pasado más rápidamente.
Esto sugiere que la percepción del tiempo podría estar relacionada, al menos en parte, con la forma en que el cerebro incorpora nueva información, y no simplemente con la cantidad de recuerdos acumulados.
Una nueva perspectiva sobre el paso del tiempo
Durante años, una de las explicaciones más conocidas sostenía que el tiempo parece acelerarse porque, con la edad, vivimos menos experiencias nuevas y acumulamos menos recuerdos distintivos. El nuevo estudio no respalda esta explicación de manera directa.
Los resultados apuntan a que la capacidad de codificar nueva información podría desempeñar un papel importante en la sensación de que el tiempo se comprime al mirar hacia el pasado.
Así, el estudio aporta una nueva pieza para comprender por qué nuestra percepción del paso del tiempo cambia a lo largo de la vida.













