No es necesario alcanzar 10.000 pasos diarios para reducir significativamente el riesgo de muerte prematura: un estudio de la Universidad de Sydney revela que la velocidad al caminar es tan importante como la cantidad de pasos para la salud cardiovascular. Durante décadas, la meta de 10.000 pasos se consideró el estándar para la buena salud.
Sin embargo, ese objetivo nunca se basó en evidencia científica. La cifra ganó popularidad a través de una campaña de venta de podómetros japoneses, no a partir de investigación rigurosa.
Velocidad importa tanto como cantidad
El análisis, liderado por investigadores de la Universidad de Sydney en el Charles Perkins Centre, examinó los datos de más de 64.743 adultos, con una edad promedio de 61,5 años. Durante aproximadamente ocho años, 1.697 de ellos fallecieron, y los hallazgos muestran que existen múltiples caminos válidos para beneficiarse de la actividad física diaria.
Caminar menos de 5.000 pasos diarios a un ritmo rápido reduce en 28% el riesgo de muerte prematura en comparación con hacerlo a un ritmo lento. De manera similar, las personas que completaban entre 5.000 y 7.500 pasos diarios pero a menor velocidad también experimentaban una reducción sustancial en el riesgo de mortalidad prematura.
Beneficios para quienes no pueden alcanzar metas altas
Estos resultados son especialmente relevantes para adultos mayores con limitaciones de movilidad, personas con discapacidades, trabajadores por turnos y quienes viven en áreas donde caminar largas distancias no es práctico.
Nicholas Koemel, coautor del estudio en Monash University, dijo a Earth que una meta de pasos muy elevada puede desalentar a quienes podrían beneficiarse de aumentar su actividad física. En lugar de motivarlos a intentarlo.
El problema de establecer un único objetivo para todos es que las personas que no pueden cumplirlo pueden decidir no intentar mejorar su actividad física en absoluto. Reconocer que existen diferentes caminos hacia la longevidad abre opciones más realistas para poblaciones diversas.
Cómo se midió la velocidad
El equipo utilizó datos del UK Biobank, una base de datos de salud británica, extrayendo registros de adultos que ya habían usado rastreadores de muñeca durante una semana entre 2013 y 2015. La velocidad de caminar se basó en los 30 minutos más rápidos de cada persona durante el día, sin necesidad de que fueran consecutivos.
Ráfagas cortas de movimiento más rápido en diferentes momentos del día contaban hacia esa métrica. Los dispositivos de seguimiento tienen limitaciones conocidas: algunos pasos se pierden en las mediciones, y ciertos movimientos de brazos pueden registrarse como pasos. A pesar de estas inexactitudes, el análisis ofrece perspectivas valiosas sobre la relación entre intensidad y frecuencia de movimiento en la longevidad.
Más allá del objetivo tradicional
La velocidad medida en fragmentos de tiempo distribuidos a lo largo del día proporciona un panorama más completo que la cantidad total de pasos. Para un adulto de 65 años con problemas articulares, una cuidadora con tiempo fragmentado o un trabajador por turnos, alcanzar 10.000 pasos puede parecer imposible.
Sin embargo, estos hallazgos muestran que incorporar períodos de movimiento más rápido, aunque sean breves, puede producir beneficios cardiovasculares medibles.
Reconocer que diferentes combinaciones de cantidad y velocidad producen resultados similares permite que más personas encuentren formas viables de mejorar su salud. La clave no está en un número específico, sino en la consistencia y la intensidad del movimiento que cada persona pueda lograr en su vida cotidiana.













