El cemento liso perdió terreno frente al concreto de agregado expuesto, un acabado que ganó protagonismo en las entradas de las casas durante 2026. La superficie, con piedras visibles de distintos tonos, puede mantenerse en buen estado por más de tres décadas con un sellado cada cinco años. El cambio responde en parte al comportamiento frente al calor.
El asfalto tiende a deformarse con temperaturas altas, mientras que el color claro del concreto expuesto refleja la radiación solar y conserva la firmeza de la estructura incluso en jornadas muy calurosas.
Cómo se logra el efecto granulado
El acabado se diferencia del concreto tradicional en el tratamiento posterior al colado. En lugar de dejar secar la superficie lisa, se retira la capa exterior mediante cepillado, lavado a presión o productos químicos antes de que la mezcla termine de endurecer.
Ese procedimiento deja a la vista las piedras incorporadas en la mezcla y da origen a una textura granulada. El tono final puede elegirse según el tipo de piedra utilizada, lo que permite adaptar el diseño a cada fachada.
Costos y cuidados frente al asfalto
Una instalación hecha por profesionales puede superar los 30 años de vida útil si se respeta el sellado periódico. El valor de colocación, sin embargo, suele duplicar el de una entrada de asfalto o de concreto liso tradicional, porque el proceso de exposición exige más trabajo manual.
La superficie también presenta un punto débil: se vuelve más resbaladiza que el cemento o el asfalto cuando hay agua o hielo. Al perder la capa protectora lisa, la losa queda algo más expuesta al desgaste del ambiente con el paso de los años.
Aun con ese costo inicial más alto y el riesgo de deslizamiento en días de lluvia. La combinación de resistencia al calor y terminación decorativa convirtió a este concreto en la alternativa elegida para renovar el ingreso de la vivienda.













