Inteligencia artificial y productividad: ¿Por qué la IA no debe tomar tus decisiones?

Cuando la eficiencia se convierte en atajo y la inteligencia artificial reemplaza el criterio humano, surge una pregunta urgente: ¿la estamos usando como aliada o cediéndole el poder?

Primer plano de una computadora y unas manos.
Karelys Rincón

Aunque hoy parezca omnipresente, la inteligencia artificial no es una invención reciente ni nació con ChatGPT. 'La IA funciona desde hace más de 70 años', aclara Daniel Burgos, doctor en Ingeniería Informática, especialista en Inteligencia Artificial. Lo que ha cambiado no es su existencia, sino su popularización. Durante décadas, la IA se desarrolló en ámbitos altamente especializados: defensa, análisis del clima, predicción de catástrofes naturales o mercados financieros. 'Todo aquello que requiere interacción en tiempo real y estimaciones a futuro siempre ha vivido de la inteligencia artificial', explica Burgos.

Hoy, sin embargo, la conversación pública la trata como si fuera completamente nueva y suele reducir la IA a su versión generativa, que es una rama de la inteligencia artificial centrada en crear contenido nuevo y original, como texto, imágenes, música, audio, video o códig, a partir de instrucciones (prompts) del usuario. A diferencia de la IA tradicional que analiza datos, esta utiliza modelos de aprendizaje profundo (redes neuronales) entrenados con conjuntos de datos masivos para aprender patrones y generar resultados similares a los humanos.

Lea también: Hijo de la princesa Mette-Marit de Noruega es condenado a cuatro años de prisión por violación

En realidad, la expansión de la IA generativa ha traído beneficios indiscutibles como la automatización de procesos, ahorro de tiempo, acceso a información y análisis en segundos. Pero también ha abierto la puerta a un uso excesivo y, en muchos casos, poco consciente. 'Se le atribuyen cualidades que no tiene. No crea desde cero ni razona; compila lo que otros ya hicieron', afirma. En otras palabras, funciona como una base de datos extremadamente potente, no como un cerebro autónomo.

El riesgo aparece cuando se reposa en ella el protagonismo de la decisión. 'Cederle el juicio crítico a la IA es bastante limitado', advierte. Para los negocios y emprendimientos, el problema no es usarla, sino usar la IA como sustituto del criterio humano. 'El emprendedor tiene que entender que la idea es suya, no de una maquinita', insiste. La IA puede acelerar procesos, crear borradores de planes de negocio, analizar datos, identificar tendencias, pero no reemplaza las competencias fundamentales como la visión, el criterio, liderazgo y comprensión del mercado.

Una mujer haciendo una videollamada en una computadora portátil.

Automatizar no es fingir

Entre los errores más comunes al implementar IA, el también Vicerrector de Proyectos Internacionales de Investigación en UNIR, identifica dos especialmente delicados. El primero, usar la herramienta para fingir capacidades que no se tienen. 'Si no sabes inglés, por mucho que uses IA para traducir, sigues sin saber inglés. Estás engañando'.

Lea también: ¿Cómo reducir la inflamación con la alimentación? Recetas fáciles y saludables

El segundo error es aún más profundo, delegar decisiones clave por comodidad, prisa o ambición. 'La IA puede analizar mil radiografías en minutos, pero la decisión final la toma el médico, no el algoritmo', ejemplifica. Pensar que una herramienta decidirá mejor que una persona es, para él, una forma moderna de hacer trampa. 'La IA es un Google vitaminado', comenta. 'Y nadie debería decidir en su vida solo por lo que diga Google.'

Herramientas de IA más usadas en la región

De acuerdo con tendencias de uso reportadas en medios especializados en tecnología, estas son las más usadas:

Un dato para reflexionar

Investigadores de Mass General Brigham realizaron una encuesta a 20.847 adultos en Estados Unidos para analizar el uso de herramientas de inteligencia artificial y su relación con la salud mental. El estudio, publicado en JAMA Network Open, reveló que el 10,3 % de los participantes utiliza la IA al menos una vez al día, mientras que un 5 % recurre a ella varias veces a diario. Entre los usuarios frecuentes, cerca de la mitad señaló emplearla con fines laborales y alrededor del 11 % para actividades académicas. Además, el 87,1 % de quienes la usan diariamente afirmó hacerlo por motivos personales, un espectro que abarca desde recomendaciones prácticas hasta la búsqueda de orientación o apoyo emocional.

Desde la psicología clínica, Silvia Arribas, doctora en Psicología y coordinadora académica de la Maestría en Psicología General Sanitaria de UNIR, interpreta este fenómeno como un síntoma social. 'Nos habla de una sociedad que necesita ser escuchada y no tiene con quién hacerlo', afirma. La IA ofrece un espacio inmediato de respuesta, contención y validación. Pero esa disponibilidad constante puede ser engañosa. 'La línea roja se cruza cuando dejamos de decidir usar la IA y empezamos a necesitarla', explica.

Joven trabajando en su computadora en una oficina moderna y luminosa.

En este contexto, uno de los mayores riesgos es confundir la simulación de empatía con una contención emocional real. 'La IA es muy animosa, muy optimista. Y eso se puede confundir fácilmente con un respaldo empático genuino', señala Arribas. El problema no es que la IA responda, sino que las personas olviden que no siente ni comprende, solo replica patrones.

Lea también: Cómo emprender con éxito: consejos clave antes de iniciar tu negocio

Señales de alerta en el uso emocional de la inteligencia artificial

Aunque estas herramientas pueden ofrecer orientación básica, existen señales que advierten un uso poco saludable:

Vulnerabilidad emocional en la era digital

Silvia evita encasillar el fenómeno en un único perfil, pero identifica factores que aumentan la vulnerabilidad al fenómeno, entre ellos están: soledad, baja autoestima, ansiedad, estrés y falta de redes de apoyo. 'La adolescencia, por ejemplo, es una etapa especialmente sensible, porque la identidad aún se está construyendo', explica.

La IA puede romper rápidamente la incertidumbre, ofrecer respuestas inmediatas y reducir momentáneamente la ansiedad. Pero ese alivio rápido no siempre es saludable. 'Delegar el bienestar emocional a una máquina que no siente ni padece es peligroso', advierte.

Lea también: ¿Quién era Gaspi, el popular youtuber argentino que murió en un accidente de helicóptero en Brasil?

Lo que la IA no puede copiar

En medio del avance tecnológico, hay algo que permanece intacto, las habilidades humanas. Para Daniel Burgos, Rector de MIU City University Miami, la creatividad genuina, la empatía real, el trabajo en equipo y el liderazgo humano siguen siendo irremplazables. 'La máquina puede fingir empatía, pero no sentirla', resume.

Y en los negocios esto es clave: 'La mitad del éxito de un proyecto está en la psicología del equipo, no en las habilidades técnicas', asegura el experto. La IA puede ayudar a quien no sabe dibujar a hacer un boceto decente, pero no convertirlo en artista. Puede apoyar procesos, pero no generar la chispa original ni sostener relaciones humanas auténticas.

Integrar inteligencia artificial sin perder humanidad

Ni Burgos ni Arribas proponen rechazar la tecnología. Todo lo contrario. Ambos coinciden en que la IA no tiene marcha atrás y que aprender a usarla es imprescindible. 'El problema no es usarla, es no saber usarla', insiste Burgos. Mientras que para Arribas, la clave está en definir para qué sí y para qué no, y en recuperar espacios libres de tecnología que permitan reconectar con uno mismo.

Aprender antes de adoptar, formarse antes de imitar y comprender antes de delegar son acciones urgentes en una época donde la moda tecnológica avanza más rápido que la reflexión. La IA es una herramienta poderosa que amplifica tanto nuestras capacidades como nuestras carencias. Usada con criterio, puede potenciar ideas, optimizar procesos y abrir oportunidades impensables. Aprender a usarla es hoy un acto de responsabilidad. Porque ninguna tecnología, por avanzada que sea, puede reemplazar la capacidad de pensar, sentir y decidir por cuenta propia.