Venezuela: brigadas veterinarias atienden en carpas a mascotas por el colapso de albergues
Organizaciones de voluntarios y refugios coordinan asistencia médica primaria y traslados debido a la alta demanda de atención para mascotas afectadas por el terremoto.
Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que azotaron el estado costero de La Guaira, en el norte de Venezuela, no solo han dejado una profunda crisis humanitaria con miles de víctimas mortales y heridos. En medio de la destrucción, una emergencia silenciosa avanza en las calles: miles de mascotas heridas, abandonadas o en estado de shock psicológico generan una alta demanda que complica la gestión de los refugios y de los servicios de asistencia animal en la provincia.
En la localidad de Los Corales, la organización de voluntarios Brivet (Brigada Veterinaria) ha levantado carpas de emergencia en plena avenida para ofrecer los primeros auxilios. Decenas de ciudadanos, rescatistas internacionales provenientes de El Salvador e incluso miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) hacen fila diariamente con historias de pérdidas y buscando atención médica o alimento para animales rescatados de los escombros.
Atención al límite y traslado de emergencia
La infraestructura local se encuentra totalmente desbordada. Irene Tejera, médica veterinaria y miembro de Brivet —colectivo que se articuló de manera espontánea un día después de los sismos—, explicó que la situación logística es crítica debido a que los centros de acogida no cuentan con el espacio ni los recursos para mantener animales a largo plazo.
Historias de resiliencia: El lazo inquebrantable con las mascotas
Pese a haber perdido sus hogares o haber tenido que evacuar a sus familias hacia otras provincias del país, muchos cuidadores han decidido permanecer en la zona del desastre únicamente para no desamparar a sus animales. Ciudadanos como Edward Chávez esperan durante horas en las brigadas para atender las lesiones de sus perros y asegurarles alimento.
La crisis también golpea con fuerza a las instituciones estatales. En el refugio de la Misión Nevado en La Guaira, su encargada, Tania Molina, relató entre lágrimas el impacto emocional de la tragedia. A pesar de haber perdido su vivienda y ver partir a sus hijos de la localidad, Molina se niega a abandonar la zona afectada debido al compromiso que mantiene con las redes de animales comunitarios que dependen de ella para alimentarse.
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Ante el inminente desborde de las capacidades de respuesta y la falta de infraestructura para el alojamiento prolongado, tanto los colectivos de voluntarios como las autoridades de los refugios hacen un llamado urgente a la solidaridad civil, instando a la adopción temporal o definitiva de los animales afectados para descongestionar las zonas de impacto.