Universidades fortalecerán las clases en línea, que todavía las consideran un complemento a la educación

Miguel Alvarado
Josémaría Vázquez

Así como la virtualidad continuará en un corto y mediano plazo, las universidades concibieron la responsabilidad de adaptarse y sofisticar esta modalidad de enseñanza. Cerca de cumplir un año bajo clases en línea, donde ya hay estudiantes que cursarán su tercer semestre sin haber pisado un aula, los directivos universitarios consultados hacen una evaluación a lo que significó el cambio de presencial a virtual.
 
“La enseñanza online jamás podrá reemplazar a la educación presencial en un rango considerable de objetivos de aprendizaje”, enfatiza Daniel Susaeta, director general del IDE Business School. Explica que es una realidad que la educación en línea se quedará por más tiempo, pero esta ha mostrado sus fortalezas y debilidades, por lo que cumplirá un  rol en los procesos educativos actuales y “será un gran complemento a la educación presencial”, añade.
 
Su postura la sostiene porque desde ahora las universidades del país ultiman los detalles para ampliar su oferta de modalidades a híbridas o semipresenciales. Es decir, parte del pensum el estudiante lo puede hacer a distancia, como lo ha venido haciendo los últimos 11 meses, y otra la realizará in situ, principalmente para prácticas o laboratorios. Recién, este jueves 4 de marzo, el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) Nacional revisará si aprueba o no los planes piloto que 23 universidades del país presentaron para retornar a las clases presenciales.
 
Así lo avizoran desde la Ecotec. Reconocen que la modalidad híbrida se mantendrá, pero rescatan la importancia de lo presencial para el estudiante. Para ellos, la experiencia universitaria responde a un proceso de maduración de los jóvenes. Sus voceros aseguran que la universidad está diseñada para las necesidades de espacio donde se conjuguen aprendizaje, integración estudiantil e investigación. De hecho, Ecotec fue una de las instituciones de educación superior que tuvo aprobado por el COE su plan piloto, que luego fue suspendido y ahora se encuentra en análisis.
 
En cambio, ESPOL es una de las que aumentará los contenidos virtuales que imparten en las clases presenciales. “Nuestra mirada es lograr ser una universidad que combina y aprovecha lo mejor de los distintos ambientes y herramientas disponibles para el aprendizaje”, acota su vicerrector Herrera. Por su parte, recuerda que las carreras como ingeniería y ciencias requieren de prácticas en laboratorios. Para ello, se encuentran emprendiendo la formación técnica tecnológica, donde el estudiante permanece hasta un 50 por ciento en el ambiente académico y el restante lo cumple en empresas formadoras, quienes desarrollan los contenidos prácticos o de aplicación. “Son empresas que le apuestan a la formación de su personal o de quienes van a ser sus futuros empleadores”, explica Paúl Herrera, vicerrector académico de la ESPOL.
 
Sin embargo, el proceso de adaptación que sufrieron las universidades les significó cambios y complicaciones, que tanto alumnos como maestros tuvieron que aprender a superar. “La modalidad virtual no es un problema en esencia, sino la forma repentina y súbita en que se realizó el cambio”, señala Herrera. A pesar de eso, asegura se presentó como una oportunidad para el desarrollo de la educación superior para el futuro, debido a que surgieron nuevas formas de interacción e intercambio de información con los estudiantes mediante las aplicaciones virtuales, nuevos tipos de materiales de clase y hasta nuevas formas de evaluación para los docentes. “La tecnología se convirtió en un excelente aliado de los procesos de enseñanza-aprendizaje”, añade.
 
Para los voceros de la Universidad Ecotec, la educación en línea significa comprender un rol más participativo del estudiante y la necesidad de variedad de estrategias didácticas del docente. Llegar a este punto significó que cada actor involucrado (profesores y alumnos) den más de sí. El director de negocios de ESAI, César Espinoza, lo resume en esta manera: “el estudiante está obligado a preparar material de forma autónoma o colaborativa, y el profesor ser recursivo en términos de preparación de actividades, talleres, simuladores, etc., para mantener los niveles de atención, como también para cumplir los resultados de aprendizaje de cada materia”.
 
Martha Cobos, vicerrectora académica de la Universidad del Azuay (UA), explica que a pesar de la adaptación al sistema virtual, resulta difícil competir con modelos virtuales que se han mantenido a lo largo de los años. Es decir, con universidades que brindan educación a distancia. “Cuando acabe la pandemia nosotros volveremos a nuestra modalidad presencial adaptando muchos de los recursos que hemos aprendido”, agrega.
 
VALOR AGREGADO
El impacto económico tuvo repercusiones en las familias, por lo que quedó en vilo para muchas personas continuar con sus estudios superiores. Asimismo, se enfrentó al problema de acceso a la educación virtual, debido a la falta de conectividad y equipamiento. De esta manera, las universidades se las ingeniaron para responder satisfactoriamente ante estas necesidades.
 
Para contrarrestar, en las universidades privadas brindaron facilidades de pago; mientras que en las públicas prestaron equipos para conectarse. Asimismo las plataformas de cada universidad permitieron acceder al contenido de las clases cuando el estudiante lo necesitaba. Es decir, el tiempo de la universidad se adaptó al tiempo del estudiante.
 
Dentro de la oferta académica fue importante la actividad que ofrecían como complemento mediante la tecnología. Es aquí donde surgen con mayor fuerza los seminarios en la web (webinars). Susaeta (IDE) indicó que esto les permitió incorporar varias sesiones online para complementar su educación presencial.
 
Los expertos consultados concuerdan que la digitalización de la educación permitió acceder a conferencistas internacionales y reconocidos de una forma más fácil, que hubiera sido complicado en lo presencial. Solo para dar una cifra, ESAI brindó cerca de 62 webinars, con la participación de ponentes nacionales y extranjeros.
 
Esudiantes de la ESPOL aprovecharon la oportunidad de participar en concursos o proyectos en línea para continuar aplicando lo aprendido en el semestre.
 
Sin embargo, hay un factor que diferencia una universidad ante el resto: la calidad. “Lo mejor que se puede hacer para competir en cualquier nivel y en cualquier territorio, es tener una oferta de la más alta calidad”, argumenta Herrera (Espol). Frente a un escenario más probable donde un estudiante pueda elegir cualquier universidad, indistintamente la localidad; los centros de estudio superior perfeccionan su sistema educativo. Por parte de UA, Cobos asegura que el prestigio de una universidad no se gana en un semestre o en dos, sino que viene de toda la vida. “Es lo que hemos mantenido aún en la formación virtual, la calidad de la formación de nuestros estudiantes”, añade.
 
De tal manera que las universidades se preparan para lo inevitable, que los estudiantes puedan elegir si estudiar virtual o presencialmente. Corresponde su deber prepararse para la demanda y desarrollar la técnica para mantener la calidad académica. Fue una de las pocas cosas buenas que nos dejó la pandemia: la educación desarrollada con la tecnología.