La resucitada empresa pública de correos: Servicios Postales del Ecuador

Alejandro Pérez
Las máquinas clasificadoras que le costaron a Correos del Ecuador millones de dólares, todavía no son transferidas a la nueva empresa para que las use.

Tras la liquidación de Correos del Ecuador, que fue cerrada por su mala administración, Ecuador se vio obligado a dar vida a otra empresa para que cumpla, prácticamente, las mismas funciones, pero con otro nombre: Servicios Postales del Ecuador. La nueva compañía busca resurgir en un mercado que mueve más de 270 millones de dólares en el país.

En plena crisis por la pandemia (mayo de 2020), el expresidente Lenín Moreno anunció un paquete de medidas en las que ordenaba la desaparición de ocho empresas públicas que, en lugar de generar rentabilidad eran un lastre para las cuentas fiscales. De estas, unas ya fueron liquidadas, otras siguen un proceso que parece interminable y hay una a la que resucitaron de las cenizas, pero con otro nombre: Servicios Postales del Ecuador-Empresa Pública (SPE-EP).

Aunque Correos del Ecuador había generado una utilidad irrisoria en sus cuentas: 121 mil dólares, recibía millones de dólares del Estado para mantenerse a flote. Algunos auparon el discurso de la privatización y dijeron que el Ecuador estaría perdiendo a una de sus empresas más rentables y con mejor futuro.

Y es que el sector de servicios postales no es nada despreciable: en esos años movía alrededor de 150 millones de dólares anuales, ahora es mucho más. Aun así, la liquidación de Correos quedó reducida al discurso político y nadie reparó en que la empresa no se podía eliminar de un plumazo, porque Ecuador pertenece a la Unión Postal Universal, un organismo de la ONU que cobija a más de 180 países y que obliga a tener un operador nacional que brinde el servicio postal de forma gratuita.

Este problema tuvo sus víctimas cuando decenas de jóvenes que estudiaban o iniciaban sus carreras en universidades en el extranjero se quedaron sin el servicio, vieron perdida su correspondencia o tuvieron que recurrir a empresas privadas para enviar y recibir documentos del exterior. David Vega, que inició sus estudios en Bioquímica en una universidad de Inglaterra, en 2021, dice, que allá no entendían cómo no había correo en Ecuador.

Al gobierno de Moreno le tomó más de un año reparar el error. Luego de haber ordenado la liquidación, seis meses después ordenaba al Ministerio de Telecomunicaciones encontrar una solución. A finales de ese año el gobierno descubría el agua tibia: dar vida a una nueva empresa que asuma el rol de la extinta. Recién en febrero de 2021 firmaba un decreto para crear SPEEP.

Y hubo que esperar hasta inicios de este año para que la nueva empresa empiece a operar y emprender la lenta tarea de ordenar y entregar más de un millón de paquetes y cartas que su antecesora no despachaba desde 2017.

Los pecados de Correos del Ecuador

Las razones para cerrar o intervenir Correos del Ecuador eran más que suficientes. Aunque el servicio postal funcionaba desde hace más de 189 años, en 2010, el gobierno de Rafael Correa, bendecido por el boom petrolero, lo convirtió en empresa pública y ordenó a todas las instituciones del Estado contratar sus servicios. La entidad llegó a tener más de 1.500 empleados y generar ingresos por más de 35 millones de dólares en sus mejores años. El Estado le seguía inyectado dinero, pero a Correos del Ecuador nunca le cuadraron las cuentas.

En 2013, la firma auditora Moores Rowland fue contratada para revisar los estados financieros de la empresa y detalló cómo, por ejemplo, en 2010 y 2011 existía una diferencia de casi tres millones de dólares entre lo que la empresa presentaba en sus registros y lo que reportaban sus cuentas bancarias. Cuatro años más tarde se contrató a la consultora BDO y ésta determinó que aún existían falencias en la contabilidad.

Esto pasaba mientras Rafael Correa disponía la construcción de nuevas edificaciones y galpones para expandir la empresa, que costaron más de 10 millones de dólares y que ahora casi no se usan. Además de eso, en 2012 la empresa recibió un préstamo de nueve millones de dólares para implementar un proyecto de “Automatización y mecanización” que ayudaría a clasificar automáticamente los paquetes y correspondencia.

Tal era la improvisación y sobredimensionamiento que, una vez compradas las máquinas clasificadoras, no se podían instalar por falta de espacio. Estuvieron embodegadas hasta 2016.

No solo eso, son máquinas con la capacidad de clasificar 8.000 cartas por hora y 32.000 paquetes. En los mejores tiempos se usaba solo el 10 por ciento de su capacidad, según dijo el último gerente de Correos del Ecuador, Mauro Intriago. Las máquinas ahora están sin poder usarse, a la espera de que el Ministerio de Telecomunicaciones, a donde fueron a parar todos los bienes de la extinta empresa, pueda a su vez hacer el traspaso a la nueva empresa.

Aunque poniendo en la balanza los ingresos con los gastos, la empresa se quedaba a pérdida o con mínimas ganancias. Además de eso, la empresa incumplió contratos con otras entidades públicas. La Universidad de Guayaquil declaró a la empresa pública como contratista incumplido, por un contrato de digitalización de documentos. Un millón de dólares, entregado como anticipo, se esfumó de las cuentas de Correos del Ecuador sin que la Universidad recibiera el servicio, por ejemplo. Salvar la empresa habría requerido una fuerte inversión para sanearla, pero al anterior gobierno no le sobraba dinero.

Como nueva empresa pública, Servicios Postales dice ofrecer precios más bajos para e-commerce, con lo que apunta a captar clientes.

Nueva compañía, nuevas metas

Para la gerenta de la flamante SPE-EP, Verónica Alcívar, no fue un error liquidar Correos del Ecuador, sino un acierto. Dice que la mala administración y los contratos incumplidos de la anterior empresa dificultaban su operación, la búsqueda de nuevos contratos y nuevos socios comerciales. “Ahora tenemos una empresa que nace con cero deudas y que no recibe asignaciones del Estado”, asegura.

Alcívar dice que ya han entregado más de 22 mil paquetes E-commerce y más de 73 mil sobres del Servicio Postal Universal, a través de sus carteros. Además, señala que han entregado 11 mil paquetes comerciales a través del plan “Última Milla”, para el cual se firmó un convenio con la compañía privada Servientrega, que cobra 4,28 dólares para llevar los paquetes rezagados desde 2017 a su destino final.

El usuario debe ingresar a la página web para actualizar sus datos y recibir su correspondencia atrasada. Este convenio tiene un año de duración y se eligió la mejor oferta mediante concurso, dice la gerenta.

A falta de personal y vehículos se optó por agilizar este servicio con Servientrega, al menos hasta que la nueva empresa logre que le transfieran más vehículos, personal y agencias de la empresa liquidada. De todos modos, dice Alcívar, el objetivo no es llenarse de burocracia como lo hizo Correos del Ecuador. Asegura que a medida que los usuarios opten por los servicios de SPEEP, esta entidad pública buscará alianzas y convenios con otras empresas nacionales e internacionales para cubrir la demanda.

De momento, SPE espera facturar este primer año al menos un millón de dólares, de los más de 276 millones que movió el mercado de servicio postal en Ecuador en 2021, según el informe estadístico anual publicado por el Ministerio de Telecomunicaciones.

Alcívar dice que con el tiempo se irán expandiendo y seguirán ofreciendo los precios más bajos del mercado por ser una empresa pública. Dice que, por enviar paquetes al extranjero, España, por ejemplo, SPE tiene una tarifa de 30 dólares, mientras las empresas privadas cobran más de 150 dólares por el mismo servicio. El tiempo dirá si la nueva empresa cumple sus ambiciosas metas y se vuelve sustentable y no un lastre para las cuentas fiscales.